Dónde y cuándo
Publicado el 14/08/2018 a las 18:08
El pasado jueves, un nutrido grupo de personas, políticos de partidos especialmente constitucionalistas, militares, miembros de diferentes cuerpos policiales, personas de diversas entidades de la sociedad civil y abundantes ciudadanos anónimos, entre ellos muchos vecinos de Berriozar, se juntaron para rendir recuerdo y homenaje a Paco Casanova, vilmente asesinado por la banda terrorista ETA. Tras la eucaristía en la parroquia de Berriozar la comitiva se dirigió al parque donde está instalada la escultura que recuerda a aquellas personas asesinadas por el terrorismo; puerta de la libertad se llama el bello monumento. Allí, el párroco rezó un responso a lo que siguieron unas sentidas palabras de Maribel Valls, de Vecinos por la Paz. Maribel estuvo, como siempre, valiente y directa. El silencio, el respeto y el sentido homenaje impregnaron todo ello.
A continuación, Víctor Manuel Arbeloa se encargó de recitar un poema escrito por él mismo para la ocasión. Me resulta difícil describir el momento. Fue un poema sentido, profundo y reflexivo, valiente en cuanto llamó a las cosas por su nombre auténtico, interrogativo para todos. Un poema como lo sabe hacer Arbeloa cuando la ocasión lo requiere. “¿Dónde estuvieron, estuvisteis, estuvimos?” nos repitió a lo largo de los pasajes. Y uno no podía por menos pensar si él mismo hizo lo que estaba en su mano frente a aquella barbarie; “¿Dónde, cuando ETA acribillaba y trucidaba al español de turno, en nombre de su libertad patriótica?”. Y hubo para todos, para políticos, para intelectuales, para artistas, para profesionales, para religiosos; “si nuestro pueblo hubiera estado en pie, en los primeros golpes del terror, como estuvimos por tantas causas en tantas ocasiones, tal vez las manadas de bandidos se hubieran espantado y hoy tendríamos más luz en las meninges, más paz en los corazones”.
Pero lo que me dejó temblando fue uno de los párrafos últimos “pero nadie, que se sepa, nace odiando. ¿Quién les propinó el sutil e implacable veneno que los hizo in-humanos? ¿Quién el frío licor amargo que los llevó a la odiosa venganza, a cuentas y a plazos?”. Y me dejó temblando porque yo soy un profesional de la educación. Efectivamente, nadie nace odiando; alguien les ha educado en el odio y les enseñó a matar. Hoy, gracias a Dios y a nuestros cuerpos y fuerzas de seguridad, ya no matan. Pero hoy mismo siguen odiando, siguen predicando el odio, las diferencias, las fronteras y las banderas que separan. ¿Cómo han podido ser educados, y creo que algunos siguen siendo educados hoy mismo, en ese odio visceral, en tanto odio? ¡Ya está bien! Decirle desde aquí al amigo Arbeloa que gracias por sus palabras y gracias por su valentía. Ha dado, una vez más, en el centro del problema. “¿Quién les propinó, y les sigue propinando el veneno?”. Recordó que nosotros, los navarros, españoles y europeos, somos el objetivo. Apareció por detrás, sin que le viéramos llegar, recitó sus versos, una lección rotunda, saludó a la familia de Casanova y se escabullió hábilmente, lejos de focos y de ruido. Esto, como siempre, donde tenía que estar. Les recomiendo, en cuanto tengan ocasión, que lean ese poema; es un gran poema. Sus amigos de la vieja Peña Pregón volveremos a pedirle el poema, si puede ser, para publicarlo próximamente en nuestra revista. Muchas gracias a Víctor Manuel Arbeloa.
José Mª Muruzábal del Solar