El lío del género en el lenguaje

Marialuz Vicondoa Álvarez|

Publicado el 01/08/2018 a las 09:57

Sí, estoy de acuerdo, las palabras tienen género. Pero eso es una cosa y otra es rizar el rizo hasta hacernos tal lío que resulte difícil hablar o escribir de manera correcta. Y, peor aún, que sea más complicado entendernos. El sustantivo ‘trabajadores’ termina en -es y sirve para el masculino. Su femenino es ‘trabajadoras’. Pero cuando se refiere a hombres y mujeres, hasta ahora, se utilizaba también la palabra ‘trabajadores’. Y digo bien, hasta ahora. Porque actualmente parece que hay que decir ‘trabajadores y trabajadoras’ si nos referimos a hombres y mujeres al mismo tiempo. Pero, ¿qué pasa entonces con los artículos o los adjetivos que acompañan al sustantivo? Pues ocurre que normalmente el artículo se utiliza en masculino aunque haga referencia también a ‘trabajadoras’, así que se pone el parche y se deja el agujero. Con ello se ‘feminiza’ el sustantivo, sí, pero no el artículo. El colmo de los colmos se produce cuando para ‘vestir a un santo se desviste a otro’, como le sucedió a un político relevante a nivel nacional en un discurso reciente. Le pasó que se hizo un lío con el masculino y femenino. “Hombres y mujeres trabajadoras”, dijo. Así que, literalmente, estaba diciendo “hombres trabajadoras” y estaba ‘pecando’ de lo contrario que quería defender. Claro, que la solución sería harto complicada. Habría que elegir entre las dos opciones siguientes: 1) “hombres trabajadores y mujeres trabajadoras” o 2) “hombres y mujeres trabajadores y trabajadoras”. ¡Qué lío!

También surgió otro problema (¿o será ‘problemo’?) cuando dijo: “nuestros hijos e hijas”. Pues lo mismo. Si habla de ‘hijas’, ¿no debería decir ‘nuestras hijas’? Si se quiere poner el sustantivo en femenino, habrá que hacer lo mismo con el adjetivo. Durante su discurso, cayó en este ‘problema/o’ en varias ocasiones. Y no fue la única situación complicada, lingüísticamente hablando, a la que llegó por esta obsesión de hacer femenino todo. Al hablar del número X de diputados y diputadas, uno se imagina que X se refiere al total, pero puede quedar la duda de si en realidad se refiere a X diputados más X diputadas.

Por supuesto que este político no es el único que hace estos esfuerzos por ser igualitario en el lenguaje sin conseguir el resultado correcto. Es algo que intentan hacer, quien más quien menos, aquellos que se ponen delante de un micrófono. ‘¡Cómo para no!’, que dirían hoy algunos. Pero me llamó mucho la atención este discurso por la frecuencia de intentar ‘feminizar’ ‘sin morir en el intento’. Y no es que yo no defienda que el lenguaje deba ser igualitario, pero lo primero es el sentido común. Que feminista yo, no, ‘lo siguiente’, como dirían otros. Que cualquier día no me voy a callar cuando oiga decir ‘señorita’ y ‘señor’ en el súper para llamar a los empleados para ponerse en las cajas. Es un ejemplo de que sí que hay discriminación en el lenguaje, como al hablar del ‘duelo’ reciente entre Soraya frente a Casado o, en el campo deportivo, hablar de Garbiñe pero de Nadal.

Aprovecho para relatar otro de los errores (o ‘erroros’) que utilizó con mucha frecuencia un presidente del Gobierno en su día, que está extendido a, casi diría, la mayoría de la clase política y que está traspasando a la periodística. Me refiero a cambiar el acento de las palabras llanas o agudas. Ya no se habla de ‘solidaridad’ ni de ‘responsabilidad’ ni de ‘libertad’ ni de ‘sociedad, sino de ‘sÓlidaridad’, ‘rÉsponsabilidad’, ‘lÍbertad’, ‘sÓciedad’, etc. En fin, que bastantes líos (y ‘lías’) tenemos ya con el lenguaje como para complicarlo más todo. Que el lenguaje sirve para entendernos y no para lo contrario. Y añado que estoy por escuchar periodistas y ‘periodistos’ o ciclistas y ‘ciclistos’.

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