Un carril ciclista de lujo en Pío XII
Actualizado el 22/07/2018 a las 08:53
Ahora que Ayuntamiento de Pamplona se ha lanzado a hacer las obras de la avenida Pío XII sin encomendarse mas que a sus propias necesidades, no a las de los ciudadanos que nunca las han reclamado, me gustaría comentar algo.
Tanto la Asociación de comerciantes como muchos vecinos afectados han salido a protestar por un proyecto realizado en contra de su voluntad y que no alcanzan a comprender en qué les beneficia. Por supuesto lo han hecho de forma civilizada y eso les ha penalizado ya que es un lenguaje que nuestro alcalde y los grupos que lo apoyan no entienden. Asiron y su grupo solo están acostumbrados a otras formas de protesta mucho más radicales ¡claro! Para eso son únicos. Los herederos del batasunismo son unos profesionales que llevan entrenando más de cuarenta años.
Lo malo de lo que van a hacer al frente del ayuntamiento es que van a destrozar una avenida que funcionaba estupendamente y el estropicio va a ser irreversible aun cuando Asiron, dentro de apenas nueve meses, ya no tenga el poder. Algo que muchos pamploneses como yo esperamos con verdadera ilusión.
Como digo, van a destrozar una zona de entrada a la ciudad. Y todo ¿para qué? Para dar preferencia a las bicis a costa de quitársela a los coches, autobuses urbanos, taxis y, lo que es peor, a los servicios de urgencia que, por cierto, en su día también llamaron la atención sobre este punto pero ni caso.
Resulta que yo, que suelo andar bastante por la ciudad, todos los días me cruzo con ciclistas que en lugar de utilizar los carriles bici van por las aceras molestando a los peatones e incluso por la calzada disputándosela a los coches. Cualquiera lo puede comprobar por sí mismo en Fuente del Hierro, Abejeras, Julián Gayarre y un largo etcétera. Eso es un hecho.
Con toda probabilidad ocurrirá lo mismo en Pío XII. Pronto veremos un fastuoso carril bici para que al final lo usen cuatro y cuando el tiempo acompañe. Cuando esto ocurra dónde estarán Asiron y su falsa amabilidad para asumir responsabilidades de una obra faraónica infrautilizada la mayor parte del día mientras los coches se buscan la vida para entrar a la ciudad por las calles de Iturrama y Ermigaña.