Sobre competencias

Ángel Moracho Jiménez|

Publicado el 11/07/2018 a las 09:29

Caminamos buscando una sociedad abierta, plural, capaz de formar, de ser formada, de buscar el equilibrio entre lo que nos parece está bien y mal. Cuando uno busca estos valores, aquellos que a nosotros nos han servido para crecer como profesionales y personas, se da de cuenta de que nunca los va a encontrar. Son demasiados los vicios contraídos en 25 años de gestión en los que buscando libertad, en algunos aspectos se ha encontrado libertinaje.

En algunas comunidades se ha transformado la realidad de la historia, modificando desde escuelas la verdad de nuestra esencia como pueblo y personas. La verdad es necesaria sobre todo cuando hablamos de educación. La transferencia de algunas competencias nunca debería haber salido del eje central vigilante (el Estado) de lo que de verdad somos, un país unido con una historia que no se puede deformar a criterio del que la quiera utilizar. Con la seguridad pasa lo mismo, es demasiado importante como para ceder este tipo de competencias por lo menos en cuanto a delincuencia organizada terrorismo y asuntos de estado de refiere. Hemos vivido recientemente que la división de información y de mando puede generar situaciones de tensión graves. Necesitamos que un cuerpo estatal vigile y controle por mesas de trabajo aquellas competencias que directamente pueden afectar a la más social tanto dentro como fuera del país.

El cambio de leyes entorno a cada gobierno nuevo o los parches para modificar lo establecido aun a pesar de funcionar son acciones que restan credibilidad al propio sistema. La moderación de los contenidos en los sistemas de información es algo de carácter urgente no todo vale, ni se puede permitir a fin de tener audiencia o seguidores. Hace tiempo se ve un hueco especial para la “moderación” de la libertad de expresión que utilizada en según qué términos legales o interpretada de otra manera puede no permitir unas acciones y consentir otras.

Sinceramente, creo ha llegado un momento de inflexión para poner en orden algunas de las cosas que por rutina o propio desgaste se han ido desordenando. Si nuestros políticos no son capaces de hacerlo -y pronto- es posible que en Mallorca no haya médicos porque no saben hablar catalán, que en Navarra a las empresas les obliguen a operar en vasco, que en Cataluña se permita en las escuelas no contar toda la verdad acerca de nuestro país o que en la televisión privada se pueda trasmitir con total libertinaje de todo, modificando con el tiempo incluso la conducta de los mas pequeños. El otro día un político dijo que para que el herido no se desangre, hay que tapar la herida y nosotros tapamos una pero abrimos cinco. Así este enfermo nunca se va a curar... por lo menos, debemos evitar que muera.

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