'Nuestra' plaza de toros

Pedro Pegenaute Garde|

Publicado el 11/07/2018 a las 09:25

Como que no los tengo, gracias a Dios, pero ya tengo 70 años. Y, como yo, unos pocos arriba o abajo, la mayoría de quienes en nuestra plaza de toros se sientan alrededor o un poco más allá a lo largo de los tendidos de grada abajo. Digo nuestra plaza porque aunque de la Casa de Misericordia, la excepcional Meca, de su propiedad desde su construcción en 1920, yo creo que la mayoría de los navarros -y, desde luego, de todos los pamploneses- la sentimos como propia, estando tremendamente orgullosos de ella y de lo que nos da.

Nos permite ver cada año nuestra Feria del Toro y poder celebrar como merecen los Sanfermines, que sin corridas de toros -se pongan como se pongan el actual alcalde y los grupos que le apoyan- serían infinitamente menos, casi nada. Y desde luego sin ella (sin la feria) ni probablemente Ernest Hemingway hubiera escrito en 1959 “Fiesta”, esa obra universal que puso los Sanfermines en órbita y los dio a conocer al mundo como las fiestas más grandiosas -que me perdonen los sevillanos y madrileños-, como las mejores. No solo ello. Nuestra plaza monumental, sobre la que tantas y tantas reformas (sin apenas conseguir colar ni una) quiso hacer el extraordinario arquitecto y gran amigo Fernando Redón, nos permite también a los navarros poder decir por ahí con orgullo y satisfacción que Pamplona y Navarra, gracias a su aforo de 19.720 localidades, cuentan con el cuarto coso mayor del mundo tras las plazas de toros de México, Valencia (Venezuela) y Madrid y, por tanto, tras las Ventas madrileñas con el segundo mayor de España. ¡Casi nada!

Bueno pues, a mi modesto y seguro que para algunos inoportuno juicio, yo creo que una plaza de esta magnitud y categoría debe acometer algunas pequeñas reformas, no sé si propugnadas también por Redón, aunque no me extrañaría. Y una sin duda es la que lograría que las personas mayores, esa gran tropa tan fiel cada Feria a su localidad y a aportar su granito económico a la Meca, nos sintiéramos más confortados y, desde luego, más cómodos. Me refiero a respaldos en los asientos. Que no sé -debo reconocerlo- si es o no habitual en las plazas pero, como se sabe, sí lo es en los estadios de fútbol. Por lo que por ello sé que con los respaldos probablemente desaparecerían muchas de las quejas propias que hoy se oyen mientras cada corrida y después de ellas -que si mi espalda, que si mi ciática, que si se me han quedado dormidas las piernas, que si el de atrás me mete sus rodillas en la espalda, etcétera-.

¿Que si sería muy costoso colocarlos? Bueno, es cuestión de que quienes entienden, si se lo proponen, lo estudien con tiempo (para la próxima Feria) y lo fundamenten. Por mi parte, ahí queda la idea. Y, eso sí, que no cunda la alarma por ella y a seguir divirtiéndonos; como decía recientemente el estupendo escritor Luis Landa en estas mismas páginas, en las fiestas más singulares del planeta y, “sin duda, el acontecimiento por el que más se conoce a Pamplona en el mundo”.

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