La cuesta 'privada' del Labrit en Sanfermines

Daniel Arrarás Baraibar|

Publicado el 10/07/2018 a las 07:59

Día 6 de julio. Otro año más Pamplona es pura ebullición y ya desde la noche anterior al que firma le cuesta conciliar el sueño. Esa especie de cosquilleo o “picorcito” recorre tu cuerpo esperando a oír el chupinazo y entregarte a la fiesta en cuerpo y alma. A mis casi 43 años la entrega es más del alma que del cuerpo ya que aquellos años de adolescente que salía todos los días sin descanso pasaron a mejor vida. En mi vocabulario no existía la palabra resaca, es más, ni estaba procesada en mi cerebro ni había dos niños, a los que juro que adoro, pululando cerca de mi cama gritando como si no hubiese mañana: “¡Papá, vamos a ver a los giganteeessss!”.


Pues eso, día 6 de julio y lo tradicional: almuerzo, ver el chupinazo por la tele, exaltación de la amistad hasta grados infinitos y recorrido por los mismos bares de Pamplona desde los últimos veinticinco años. Ya sabemos que los navarros lo de los cambios lo llevamos fatal y si nos ha ido bien durante tanto tiempo, ¿para qué? Dada mi edad ya no soporto empujones, vasos de plástico y que me sirvan los hielos con la mano por lo que hace unos años que salgo con una coctelera de acero inoxidable que lo que hace es mantener la bebida fría más tiempo de lo normal y beber en todo momento bebida en condiciones. Se lo recomiendo a todo el mundo. Todo iba estupendo, mi coctelera y yo recorríamos las calles como cada día 6 de manera normal y en ningún establecimiento hostelero me pusieron ningún problema para entrar con ella.


Pago religiosamente mi bebida y lo único que hago es volcarla en la coctelera para que se mantenga fría. Todo iba bien hasta que llegué a la cuesta del Labrit... Resulta que este año accedes a la cuesta del Labrit y nada más llegar tres guardias de seguridad te dan la bienvenida y filtran quién puede pasar y quién no... No estoy hablando de guardias de seguridad de la puerta de un local que tiene todo el derecho del mundo a dejarme entrar, por eso existe el derecho de admisión, sino de una empresa de seguridad contratada por todas las carpas de los locales del Labrit que deciden quién pasa o no.


Llego con mi coctelera y muy amablemente me dice un miembro de seguridad que no puedo acceder a esa zona de copas. Ante mi sorpresa le sorprendo al de seguridad preguntando por qué... Y me comenta lo anteriormente citado, han sido contratados por los bares de la zona y con bebida no se puede acceder. Ante mi cara de estupefacción le comento que estoy en la calle, en una vía pública, y que mi derecho de libertad de movimientos me permite pasar por allí sin que nadie me lo impida. Tras un diálogo un poco subido de tono acceden a dejarme pasar y todo pasa a ser algo anecdótico pero pensándolo luego fríamente en mi casa... ¿Desde cuándo se puede cortar el tránsito en una vía pública y decidir quién pasa o no? ¿En Sanfermines se pueden privatizar las calles?


No sé quién ha dado permiso a estos locales a hacer estas actuaciones, espero que no sea el Ayuntamiento de nuestra ciudad, ya que si algo ha caracterizado a nuestras fiestas es el ambiente festivo de la calle y si alguien cree que así se va a controlar mejor la fiesta creo que se equivoca. Genera más indignación que otra cosa. Por lo que pediría a estos locales que hicieran su filtro en su local como ya lo hacen algunos y que, a buen criterio, controlan la entrada de personas a ese establecimiento.

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