La añoranza de aquellos Sanfermines

Ángela López Arroyo|

Publicado el 29/06/2018 a las 09:32

Residente del Casco Viejo de Pamplona desde hace diecisiete años, y enamorada de este entorno -porque para mi era un sueño vivir en esta ciudad- me siento atrapada en la ubicación donde vivo desde hace cierto tiempo y más en las fechas en las que estamos... Jamás lo hubiese imaginado. Los Sanfermines siempre han sido oxígeno para las “discrepancias políticas”, eran un símbolo de abrir puertas a una cultura cerrada, en un lugar conflictivo... Era una tregua abierta al mundo y el mundo respondía. Creo que ahí radicaba la magia de estas fiestas. La cultura noble, gastronómica, taurina y popular manifestaba esa idiosincrasia que abría sus puertas sólo en sus fiestas, como sí de un tesoro se tratase que había que salvaguardar... Ahí radicaba la magia de estas fiestas. Para mí era un lujo vivir en el corazón de Pamplona pero ya no lo es porque se está perdiendo la esencia por lo que yo me enamoré -y creo que a todo el mundo-.


Está todo tan dictatorialmente controlado y estipulado para los que residimos aquí y para quienes suministran aquí que ya no resulta incómodo sino insoportable... Tanto que en estas fechas tan bonitas y disparatadas, lejos de sentir la emoción de que viene algo muy muy grande dan ganas de salir corriendo. Alguien de un emblemático negocio de la calle Chapitela me dije hace unos días en una conversación: “esto se está convirtiendo en un parque temático”. Y qué razón tiene.


Ángela López Arroyo

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