Del plexiglás al plástico
Actualizado el 18/06/2018 a las 10:36
El plexiglás me gustó en la infancia por razones de índole generacional, por la agradable sonoridad de esa palabra y por su traslúcido material. No así su homogéneo, el plástico, tan útil para usos domésticos, comerciales y científicos pero tan denostado en relación con el medio ambiente. En este sentido, hoy está de moda declararse ecologista pero muchos lo somos solo de palabra, puesto que tratamos irracionalmente los materiales de desecho y, a veces, nuestra actitud hacia ellos es tan voluble como esas bolsas de plástico que tiramos al aire o dejamos en cualquier lugar, sin mostrar ningún deseo de modificar viejos hábitos. A esa misma convicción llegué hace unos días al ver en TV5 Monde (Europa) un documental sobre contaminación oceánica en el que una gigantesca masa de plástico, semejante a un glaciar, se deslizaba lentamente sobre la superficie del agua. Confieso que me quedé atónito, sin dar crédito a la información paralela sobre los efectos nocivos que el mar sufre por la plastificación.
Similar impresión tuve al leer en cierta publicación los siguientes datos: “Para el año 2050 habrá en el mar más toneladas de plástico que de pescado. Ese plástico acaba siendo ingerido, de una forma o de otra, por los peces que luego nos comemos”. Pues bien, creo que tal fenómeno y otras alarmantes señales propias de nuestro estilo de vida actual testimonian la versión de Hawking cuando presentía que “debemos abandonar la tierra en cien años”.