Víctimas y armas
Actualizado el 16/06/2018 a las 09:10
El Aquarius ha sido la gota que ha colmado el vaso. La escasa oferta hecha por Uxue Barkos de acoger a 10 de las 629 personas rescatados por el barco de salvamento de Médicos sin Fronteras ha demostrado la poca solidaridad de nuestra presidenta. Quizá, si dejara de gastarse el dinero de todos los navarros en impulsar e imponer el euskera, idioma hablado solo por una minoría, dispondríamos de más fondos para dar una bienvenida digna a un número mayor de solicitantes de asilo y refugiados. Esto parecía querer decir un tuit de un compañero de universidad que leí el otro día. En él reconocía estar avergonzado por la actuación de la presidenta del Gobierno de Navarra y razonaba que nuestra comunidad, siendo una de las que disfruta de mejor situación económica, debería hacer un mayor esfuerzo por acoger a estas personas que fueron rechazadas por las autoridades italianas. Coincido con él en algún punto. Es cierto que a la hora de acoger a refugiados e inmigrantes no solo se debería tener en cuenta la población, sino también el nivel económico de la zona, la calidad de los servicios y otros aspectos. También es verdad que Navarra, junto con el resto de comunidades autónomas y los países miembros de la UE, deberían despertar y cumplir de una vez con los cupos pactados en Bruselas. Si lo hicieran ahora, llegaría con más de un año de retraso, pero ya sabemos todos que más vale tarde que nunca. Sin embargo, me parece que en su juicio hay cierta falta de conocimiento, pero, sobre todo, precipitación y cierto grado de insensatez. Primero de todo, destacar que el Gobierno navarro, con Uxue Barkos a la cabeza, ha sido uno de los pocos, si no el único, que se ha reunido con el colectivo refugiado en la comunidad para consensuar con él un nuevo programa de acogida que se adapte mejor a sus necesidades. Además, en Navarra hasta la fecha se han reubicado 63 de las 110 personas acordadas con el gobierno central, lo que supone cerca de un 60%, muy lejos de la media nacional, que ronda el 20%. El caso del Aquarius es solo un capítulo más de la nefasta política que está llevando a cabo la comunidad internacional en torno a la ola (tsunami) de refugiados que huye de Medio Oriente y África hacia la Unión Europea, principalmente. Su razón fundamental para huir es la imposibilidad de vivir, ya sea por una guerra o por miseria. Por el contrario, no debemos tomar este caso como globalizador para juzgar la situación ni la actuación de los diferentes gobiernos y, aún menos, utilizar a las víctimas que esta crisis humanitaria como armas para ganar batallas en favor de nuestros intereses políticos.