“Perdona si estoy espeso...”
Publicado el 13/06/2018 a las 09:54
“Perdona si estoy espeso, es que con niños… He pasado una noche fatal con el pequeño…, sin dormir… En fin…”. Yo acababa de llegar a la cita con un director general de una compañía para escribir una entrevista en el periódico. ¿Quién decía esa frase? Era él. Yo, no.
Porque creo que en general, en toda mi vida laboral, no suelo ir por ahí mencionado los problemas que tengo con mis hijos, que pueden hasta ser más graves, por cierto, que pasar una mala noche. Ni yo ni gran parte de las mujeres profesionales. Todas, y matizo que hablo en general, nos hemos callado nuestras noches en blanco, sin dormir. Al día siguiente, nos mirábamos con pena en el espejo, nos dábamos un poco de maquillaje por aquí y por allí, y ¡hala! a torear la vida. ¡No se nos ocurría quejarnos de nuestros problemas domésticos o familiares en el ámbito laboral con nuestros superiores o con quien tuviéramos que quedar por motivo de trabajo! ¡Y menos con alguien que no conocíamos!
Hemos tenido que dar siempre la imagen de que podemos con todo, que no tenemos problemas para trabajar aunque tengamos familia, hijos que se ponen enfermos, reuniones con profesores, tardes sin cole, vacaciones sin avisar…
Las cosas han cambiado, sí, lo sé. Los hombres ya comparten tareas, también tienen que buscar al cole a sus hijos y llevarles al médico… Ya, ya lo sé. Todo eso está muy bien, pero lo de pregonarlo a la mínima ocasión… Es más, lo de presumir y decirlo como para que quede claro que sí, que ellos también concilian y como para que quede claro que qué buenos padres son… En fin, eso me harta un poco. Porque está bien que lo hagan, pero es lo que hemos hecho nosotras siempre a la chita callando, para que se nos notara lo mínimo y para demostrar que tener una familia no nos iba a afectar en nuestro trabajo, para demostrar que ser mujer no era un obstáculo en nuestra carrera, ni en los posibles ascensos… ¿Ascensos? ¿He dicho ascensos? Eso se los siguen llevando los hombres, aunque ellos sean los que ahora, también, lleven a los niños al cole.
“¿Has tenido mala noche? Bueno, son épocas”, tuve que contestarle, haciéndome la comprensiva, como si me diera un poco de pena. Y como no hay uno sin dos contaré que, al poco tiempo, en conversación telefónica pregunté quién me podía atender para un tema del periódico. “Ana, tienes que preguntar por Ana”, me dijeron al otro lado. “¿Ana, qué? ¿Qué cargo tiene?”, dije a mi interlocutor. “Es la directora general”, me contestó. También en este caso puedo decir que nunca he oído nombrar a un director general hombre por su nombre de pila cuando, como periodista, pregunto por él. Señor, don, nombre y apellido... Pero solo el nombre de pila, nunca. No soy de las que defienda que haya que poner masculino y femenino al hablar, ni esas cosas que solo sirven para hacer más difícil la comunicación... Pero sí percibo que en muchos ámbitos de la vida el tratamiento sigue siendo desigual si se trata de hombre o de mujeres.