Un colegio y una experiencia de vida

Familia Aguirre-Carracedo Aguirre-Carracedo|

Publicado el 11/06/2018 a las 09:10

Hoy en día, que nos quejamos de la educación (falta de medios, de aulas, de profesores, etc) me gustaría ensalzar un centro público y rural: el C.P Santos Justo y Pastor de Fustiñana. Por este colegio han pasado la mayoría de cientos de niños de esta villa ribera navarra, entre ellos mis hijos.

Mi pequeña comenzó a los tres años rodeada de sus seres queridos, amigos, y de esas personas gracias a las cuales ha podido crecer con amor y protección. A los tres años y medio comenzó a pincharse insulina cada vez que comía (es diabética Tipo 1). Estos niños necesitan insulina para vivir además de muchos controles y dieta con hidratos. Hoy, “mi dulce” está en 6º de Primaria y sigue pinchándose, continua con sus amigas pero pronto (¡pasa el tiempo volando!) dejará su estupendo colegio y a esas grandes personas que le han acompañado, querido, protegido y enseñado.

Ella es una niña más del colegio, corre, juega, aprende, estudia, va de excursiones, se mide, controla la insulina y sus raciones de hidratos, hace los deberes, sufre y soluciona hipoglucemias. Todo con sus compañeros y profesores que apostaron por hacer de la diabetes de mi pequeña un reto y no un impedimento. Profesores, monitoras de comedor, conserje, le han prestado la ayuda que necesitaba con corazón y dedicación, más allá de lo que muchas veces compete a cada profesional. El cuidado de estos niños es permanente, hora tras hora, los 365 días del año.

No hay descansos ni vacaciones. Los días del cole, los juegos en el patio, las actividades dentro y fuera del recinto escolar han sido tantas que, gracias a ello, han conseguido que A. A. sea una adolescente diabética y feliz.

Por eso, sus padres quieren agradecer de corazón a todo el colegio su labor pedagógica y humana, a los tutores de cada ciclo, a la dirección, monitoras de comedor, conserje, etc. A todos y cada uno de los docentes que se han informado y preocupado por formarse en la diabetes y así ayudar a mi pequeña.

Nunca nadie dio una negativa a la familia y nunca “mi saladita” fue un problema, sino una experiencia de vida de la que aprender. Han sabido llevar el centro con sensibilidad, empeño y dedicación, anteponiendo muchas veces el corazón y su recompensa será el maravilloso futuro de A. A. y de todos sus alumnos. A todos ellos, gracias. (...)

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