¿Herejías?
Publicado el 07/06/2018 a las 08:22
Fuimos durante la oprobiosa y ya antes una sociedad poco liberal, aficionada a dogmas de obligada creencia y poco tolerante con los herejes. Lo seguimos siendo (ahí está el pensamiento políticamente correcto). Un ejemplo: en la sociedad y en la clase política navarras funciona desde hace tiempo una especie de dogma obligatorio. Un dogma impuesto en buena parte por esa seudorreligión impositiva que es el nacionalismmo vasco con la ayuda del miedo provocado por ETA , y que dice: “el euskera es un tesoro de una riqueza cultural enorme que debemos amar, conservar, hacer crecer, etc”. O, dicho como mandamiento, “amarás y rendirás culto al dios euskera sobre todas las cosas”. El dogma impera y tolera mal a los descreídos, pero en muchos casos es una creencia bastante falsa: quien no estudia euskera y no se interesa por recuperarlo en primera persona, por mucho que recite devotamente el dogma es como los fariseos o sepulcros blanqueados del evangelio, realmente no ama al euskera o no cree que deba recuperarse porque no hace lo que dice creer. Y como el autoengaño y el fariseísmo no son sanos, sería bueno que desaparecieran y que quienes no estén dispuestos a recuperar en primera persona el euskera confesaran su increencia en el dogma. Pero la amenaza de condena de los inquisidores asusta.
Aquí hubo en el pasado idiomas -el latín y el hebreo por ejemplo- que ya no están. ¿Por qué el dogma de la riqueza cultural de los idiomas no se rasga las vestiduras por su desaparición y no exige su recuperación? ¿Porque esos idiomas habían venido de fuera? Muy típico del nacionalismo. Pero si practicamos el proteccionismo cultural nuestro nivel será mínimo. Y si ponemos en un platillo de la balanza de pesar riquezas culturales el latín con todo lo que en ese idioma se ha creado (o el hebreo con el Antiguo Testamento y la literatura judaica) y en otro el euskera con lo suyo, no hay duda de dónde está la riqueza cultural. Así que quien quiera ser realista tendrá que relativizar el dogma, deshinchar el globo egocéntrico del valor cultural del euskera, y no aceptar que se castigue a los opositores a funcionarios que no tiene interés en la riqueza cultural del euskera. Si se nos apareciera el genio de la lámpara y nos dijera: “te concedo saber un idioma”, los utilitaristas pedirían saber inglés (sin genio de la lámpara, los que miran la utilidad quieren que sus hijos aprendan inglés y son partidarios del PAI). Los idealistas o románticos pedirían hebreo o latín o griego antiguo. Si nuestros jóvenes pudieran leer a Platón en su idioma original, eso sí sería auténtica riqueza cultural, aunque el dogma lo ignore. ¿Los románticos pedirían también al genio saber euskera? Hubo un tiempo en que eso era posible, en que uno podía decirse: “mis antepasados hablaron vasco. Sería bonito que ese idioma no se perdiera, podría ponerme a estudiarlo”. Hoy decirse eso es muy difícil porque el nacionalismo vasco monopoliza el euskera y hace de él el instrumento para la anexión de Navarra y la independencia de Euskadi. Si se trata (como ocurre) de recuperar el euskera para meter a Navarra en Euzkadi y acabar con España, la mayoría navarra que no quiere lo segundo no puede querer lo primero. Hoy, quienes aman el euskera por sí mismo, porque es el idioma de los antepasados, etc, no pueden estar en ni votar a un partido nacionalista vasco porque ahí el idioma no es el objeto último del amor: se ama el euskera para romper España, el amor está contaminado por resentimientos o sentimientos de odio y subordinado a fines políticos. Su sitio es (o su voto es a) UPN, el PSN (¿el PP?). Y así ocurre: en estos partidos hay personas que aman ese idioma por sí mismo, no para la aniquilación de España.
Las cosas han llegado con Barkos a tal punto que el único modo de que la sociedad navarra españolista ame el euskera y vea con buenos ojos su recuperación es que el nacionalismo vasco sea derrotado y pase a ser irrelevante y el euskera deje de ser el arma para la destrucción de la nación que amamos. Un poco como pasa en Francia.