Osasuna, un poco más cerca

Pablo Sanzol García|

Publicado el 02/06/2018 a las 08:41

Lo avisé. Solamente había que creer, soñar y vibrar para hacer realidad una utopía que aún ha de materializarse de la mejor forma. Valladolid será hoy nuestro Coliseo. El gladiador, el león o el siervo. ¿Con cuál de todos se quedan? El gladiador es el que lucha a cuerpo abierto, pero muchas veces sin recompensa vital. El león es la furia mordedora que casi siempre sale victoriosa. El siervo, ¡ay el siervo! Si Osasuna escoge esta última condición perderá. El empate podrá valer más o podrá valer menos, pero la moraleja y el consejo exitoso es ir a ganar. Los milagros no se tiran, se aprovechan. Los milagros no se pierden, se ganan. Y Osasuna se ha ganado el suyo particular a base de embestidas de sentimiento diseñadas por el corazón de una afición que ha luchado y ha creído hasta el final. La lucha consistía en eso, en caer y volver a levantarse. Todos debemos salir convencidos de que nos va a salir el partido de nuestra vida. Estamos listos. Estamos preparados. Estamos en la rampa de salida para coger la última liana para llegar a la tierra prometida. El pensamiento positivo del Sadar es la bombona de oxígeno que ha de resurgir en Pucela. Osasuna, por fin, nos ha mirado y ha visto en nuestros ojos lo que este club desprende. De nuevo, las redes vibraron, las sillas retumbaron y los cimientos del viejo Sadar temblaron para empujarnos al último tren posible. De Valladolid al cielo. Esta es la nuestra y no cabe otra que salir a ganar. A un sólo metro bajo el cielo de los cuatro que nos quedan por encima. Dos tiempos de cuarenta y cinco minutos y “a gozar, rojos”.

Señores rojillos, un poco más cerca. Aboguemos y apostemos todo al rojo y por una vuelta risueña y alegre tiñendo la A-62 de roble montañés y de vino de la Ribera. Un nuevo día para unirnos bajo la misma capa y el mismo pañuelo. Un nuevo día para fundirnos todos los navarros bajo el abrigo del escudo que porta la zamarra escarlata. Un nuevo día para acercar nuestra garganta al asiento que tanto nos ha visto llorar y reír. Un nuevo día para preguntarnos si la próxima vez que volvamos seremos de Primera o de Segunda. Y a Osasuna, yo le digo, no me importa cuán decepcionante pudo haber sido mientras trabajó para un sueño, pero ese sueño que tiene en su mente es posible. No será fácil, pero hasta en los momentos que dude, será grande. Por correr tras este sueño, y por todos los que le queremos, no deje de intentarlo hasta que las luces de Pucela se apaguen.

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