¿Y el año que viene?
Publicado el 29/05/2018 a las 09:13
Descanso tras tres horas de clase. A primera hora, mis alumnos de 1º de la ESO me preguntan, por enésima vez, si les voy a dar clase el año que viene. No puedo más que encogerme de hombros. “I don’t know. I can’t tell you, because I don’t know it yet.” Mis queridos niños, ya comenzando a ser mayores. Ya tienen su propio criterio bien establecido, son críticos con el mundo que les rodea. Y con el que más cercano les pilla, más todavía. Su instituto. Sus profesores. Sus referentes. Ya les conozco a todos, ya sé hasta dónde puedo pedir y exigir a cada uno de ellos. Y ellos ya saben hasta dónde pueden hacer, hasta dónde pueden incordiar en clase y hasta dónde no. Y el año que viene, ¿otra vez a empezar de nuevo? Recreo. Reviso el correo electrónico, y me encuentro un email de una antigua alumna. “Te echamos de menos, tú nos entendías”. Y me emociono. Otro centro más que he dejado a mis espaldas, con su idiosincracia, sus particularidades, sus normas. Y sus alumnos. Yo también les echo de menos. A todos. En cada uno de los institutos en los que he estado trabajando me he dejado la piel, el alma, mi ser. Intento explicar y enseñar no solo Geografía e Historia, sino actitudes ante la vida, comportamientos, a ser crítica con el mundo que nos rodea. Me gusta sentir que trabajo con personas. Pero, año tras año, por estas fechas, la misma incertidumbre que llega a impedir que descanse, desconecte y duerma por las noches; y que pueda rendir al día siguiente en clase e interactuar con mis estudiantes. Me queda siempre la misma duda: ¿se acordarán de mí dentro de 10 años? ¿El año que viene?