Opacidad venezolana

Rafael Berro Úriz|

Actualizado el 24/05/2018 a las 10:57

Hace unos días UPN criticó (DN 17-V) la declaración obligatoria de bienes presentada por Barkos: un saldo bancario de 6.235 euros, un plan de pensiones de 27.550 euros y un coche valorado en 3.570 euros. Dejemos de momento a un lado a Barkos para ser imparciales. Pensemos en una persona indeterminada que lleve muchos años cobrando sueldos en cargos públicos (concejal de Pamplona, dietas, diputada en el Congreso, pluses por ser de fuera de Madrid, por pertenecer a Comisiones... presidenta); a veces sueldos dobles (concejal y diputada). Casada, con un hijo, y cuyo marido a su vez trabaje y no en un puesto en el mercado de trabajo de los cercanos al salario mínimo. Y que presente una declaración de bienes de ese tipo, ¿pensaremos que es normal? Seguro que no. ¿Que es creíble? Si esa persona no da las necesarias explicaciones diremos que no es creíble. Y sea o no verdadera, ¿es clara y transparente o es opaca? Opaca porque en el mejor de los casos oculta la explicación que podría hacerla creíble. ¿Es de recibo que la persona que la hace se niegue a dar explicaciones si quiere ser creída? No. Pues esto pasa con Barkos, porque su portavoz Solana dijo como única explicación negándose a explicar: “Lo que está ahí evidentemente es lo que tiene que estar”. Eso fue todo.


Todo lo anterior puede decirse de Barkos e incluso hay que añadir algo. Porque las declaraciones de bienes en cargos públicos son obligatorias para evitar la corrupción. Y la corrupción se evita con la transparencia y se estimula con la opacidad, y si algo hay en la declaración de Barkos es opacidad. O sea que con su declaración hace lo contrario que debería hacer: propicia la corrupción más que la evita. Además, los políticos han de ser ejemplares. En este caso en claridad y transparencia. Pero Barkos es ejemplo de opacidad. Por tanto, mal ejemplo, y está lejos del tipo del gobernante ejemplar, del buen gobernante. No sólo por la opacidad de su declaración de bienes, sino por la prepotencia nada democrática y la opacidad de la respuesta de su portavoz, que se negó a dar explicaciones despreciando a quien, con razón y con derecho a hacerlo, las pidió. Opacidad y transparencia son indicadores de diferentes sistemas políticos. En las democracias de calidad la transparencia es grande. En las dictaduras hay opacidad total: ningún cubano de a pie sabrá la declaración de bienes de Castro. En las casidictaduras disfrazadas de democracia, como Venezuela, hay opacidad y manipulación. Cabe que Maduro presente una declaración de bienes. Pero nos tememos que se parecerá a la presentada por Barkos. Y si la oposición la critica, la respuesta que recibirá no será muy distinta de la dada aquí por Solana. O sea, que en algo tan significativo como la transparencia, con Barkos nos parecemos a Venezuela. Ése es el comienzo.


Si los datos publicados por el Think tank “Institución Futuro” son ciertos, en 2017 Pamplona (con Asirón en el sillón) obtuvo su peor posición en los últimos diez años en cuanto a transparencia, y está por debajo de la media nacional. Además, en el índice de Transparencia de los Parlamentos Autonómicos, el de Navarra pasó de la segunda posición en 2014 (con UPN) a la decimosexta en 2016 (con Barkos y el cuatripartito). Y en el índice de transparencia de las Comunidades Autónomas, Navarra se encontraba en la última posición en 2016 (viniendo del puesto 9 en 2014). Tras la declaración de bienes de Barkos y la respuesta de Solana no extraña que la transparencia y, por tanto, de la calidad democrática sea tan baja. El ‘kambio’ es evidente y a peor. Y no olvidemos que donde hay opacidad suele haber manipulación y engaño. Por otra parte, ¿qué calidad democrática cabe esperar de quien, para gobernar, se alió con Bildu? Si todos los políticos presentasen declaraciones tipo Barkos, ¿no sería un escándalo?¿No habría que hablar con razón de “casta”? Si fueran Esparza o Beltrán quienes presentasen semejante declaración tendríamos a Kontuz en pie de guerra, comisiones de investigación parlamentarias, manifestaciones … En las dictaduras y en las malas democracias no hay trato igual sino dobles raseros y privilegios. Como ocurre aquí. (...)

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