Cruelty Free
Actualizado el 22/05/2018 a las 09:41
Debido a mi profesión una gran parte de mis gastos y mis ingresos se ubica dentro del mundo de la cosmética. Y es por eso que, hace unos años, cuando empecé a ser más consciente de que todo lo que compramos manda un mensaje y tiene unas consecuencias, empecé a mirar de manera más detallada el gigante universo que se encuentra detrás de los productos cosméticos que nos venden marcas lujosas en envases bonitos. Fue realmente triste descubrir las prácticas inhumanas que se esconden detrás de lo que nos puede parecer un pintalabios inocente. No fue hasta el año pasado, a raíz de la entrada de Nars en el mercado chino (hecho que abrió los ojos a muchos profesionales del sector y les hizo tomar ésta misma decisión), que dejé de manera permanente de comprar y usar productos que testasen en animales. Desde que empecé a promover y practicar ésta manera de consumir cosmética, me he encontrado con un montón de respuestas hacia ella. La más común es el desconocimiento. Hay mucha gente que no es consciente de que los productos que usa diariamente son testados en animales (hecho que tristemente se basa en prácticas muchísimo más turbias que ponerle desodorante a un conejo o lavarle los dientes a un perro). Con el dinero que invertimos en esos productos estamos apoyando esas prácticas y mandar el mensaje contrario no es más complicado que decantarse por otra marca que no teste su producto en animales.