Alegraos y regocijaos

ELENA BORGOÑO GUILLEN|

Actualizado el 20/05/2018 a las 08:54

Con gran alegría escribo esta carta para dar las gracias al santo padre por recordarnos en su reciente exhortación apostólica “gaudete et exultate” que Dios nos quiere santos y nos anima a que no nos conformemos con una vida mediocre, aguada, licuada. En ella nos dice: “Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día allí donde uno se encuentra”.  Sin citarlas, pienso que el papa reconoce el papel de distintas instituciones católicas surgidas a lo largo del siglo XX que ayudaron a la Iglesia a valorar el papel de los laicos, reclamando ahora a los fieles a asumir la propia responsabilidad como cristianos. Ya el Concilio Vaticano II acogió la llamada universal a la santidad y ahora con la reciente carta el santo padre nos enseña modos y pautas concretas para nuestro día a día de este siglo XXI y poder aprovechar las ocasiones que se nos presentan para hacer actos ordinarios de forma extraordinaria. 

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