Regiones de primera, regiones de segunda
Publicado el 16/05/2018 a las 17:35
Desde 2010, lo único que pasa por la estación de tren de Aranda de Duero son las lagartijas. Y con suerte. Después de contemplar a lo largo de décadas el tránsito de vagones que cubrían la ruta que desde Madrid llevaba al norte, la barrera bajó por última vez en 2010.En un país como el nuestro, segundo a nivel mundial tras Japón en número de kilómetros de alta velocidad, es paradójico que ciertas vías que son vitales para la vertebración económica de ciertas regiones, caigan en el olvido. Si fuéramos creadores literarios, podríamos decir que se ha dejado morir la línea Madrid-Aranda-Burgos. Y con ello muere el desarrollo de las regiones afectadas que no lo tienen nada fácil para hacer de sí mismas un entorno atractivo que no sean víctima de la emigración.La Plataforma por el Ferrocarril directo Madrid-Burgos, que cada sábado, semana tras semana, se manifiesta en apoyo a la reapertura de la línea, estima que los afectados por el cierre ascienden, de modo directo, a 180.000 personas. Comparable, en cifras, al aislamiento que sufre Granada, que lleva tres años sin ver pasar un tren por la localidad, debido a la paralización de la línea convencional para la realización de las obras que hagan posible que el AVE llegue a la ciudad, o Extremadura, comunidad autónoma, olvidada entre las olvidadas, en lo que toca a la alta velocidad. Respecto a este último caso, la situación es sangrante. Hay trenes que, con suerte, tardan 6 horas en llegar a Madrid. Hace unos días, era noticia el descarrilamiento de un convoy a su paso por el municipio de Medina de las Torres debido a obstáculos en la vía. Una línea convencional que, a pesar de ser arcaica, también necesita un adecuado mantenimiento que evite riesgos que pueden costar vidas.Un estudio elaborado por INGITER (empresa de base tecnológica de la Universidad de Burgos dedicada al estudio del terreno) a solicitud del Plan Estratégico Ciudad de Burgos, muestra la viabilidad y rentabilidad de la línea Madrid-Aranda-Burgos. Concluye, además, que sería un hecho el ahorro energético, la reducción de emisiones de CO2 a la atmósfera y el fin del colapso de la A-1. Conectar las grandes ciudades a través de la alta velocidad es algo positivo. Sin duda. Pero ello no puede llevar a que caigan en el olvido regiones que parecen de segunda debido al trato que la Administración central les da.Cristina Núñez París, Bilbao