La batalla del relato
Publicado el 16/05/2018 a las 17:38
Los sucesos en Cataluña han rebasado sus fronteras y han hecho llegar a la opinión pública mundial, especialmente europea, el minuto y resultado de los tinos y desatinos de los diferentes partidos políticos.Es indudable que el independentismo ha obtenido la victoria del relato en el exterior. El gobierno y la diplomacia españolas han dejado que el problema pase, que las piezas ocupen la posición hacia la que la inercia les lleva, sintiéndose cómodos y seguros con el respaldo de la Comisión Europea. Los portavoces comunitarios han manifestado repetidamente que debe respetarse el “orden constitucional español”, afirmando que la crisis catalana es una cuestión interna de España. Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión, manifestaba hace varios días, por enésima vez, que rechaza mediar en el conflicto.En política, en diplomacia, hay movimientos visibles y otros que se hacen en la sombra pero que tienen su reflejo en lo que los medios hacen llegar a la opinión pública. En ambos casos, el gobierno español y las fuerzas que se dicen constitucionalistas van con desventaja. Mantenerse firmes aplicando la ley es lo que corresponde en un Estado de derecho, pero hacer de la oposición a todo una manera de hacer política, es ya otra cosa.Hoy, conscientes como son de que ha calado a nivel internacional la idea de los “presos políticos”, comienzan a mover ficha. Las entrevistas en medios extranjeros de Soraya Sáenz Santamaría, vicepresidenta del gobierno español, y de Inés Arrimadas, líder en Cataluña de Ciudadanos, y la reciente gira europea de Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, son un ejemplo. Pero, para sus intereses, llegan tarde. La situación no es irreversible, pero es un hecho que el movimiento independentista va con ventaja.En una Unión Europea en pleno debate por una más que necesaria reforma interna que ponga fin a las tensiones entre los estados del Norte y los del Sur en lo que al euro respecta, y habiendo como hay discrepancias notables por las políticas que han de llevarse a cabo ante el fenómeno de la inmigración, que sufren especialmente los estados del Este, el ruido que genera el debate ante la posible incorporación de nuevos socios a la UE, sitúa a España en un lugar complicado. Conocido es el rechazo del gobierno de Mariano Rajoy al futurible ingreso de países como Kosovo, que se escindió de Serbia en el año 2008 de modo unilateral y que no es reconocido ni por España, ni por cuatro estados europeos más (Grecia, Eslovaquia, Rumania y Chipre). Emmanuel Macron, de marcada condición europeísta, ha declarado recientemente que urgen en el seno de la UE reformas internas, entre otras, poner fin al derecho de veto de los Estados miembros.Sea como fuere, en Europa, en España, en Cataluña, toca hacer del término “diálogo” una realidad. Toca el acercamiento de las partes dejando a un lado posiciones partidistas y ubicando sobre la mesa el interés, único, por la estabilidad de Cataluña.Cristina Núñez París, Bilbao