Acontecimiento histórico planetario en Bértiz

Rafael Berro Úriz|

Publicado el 08/05/2018 a las 09:48

Les habría gustado un “zazpiak bat”, pero ha debido de resultar imposible porque esos franceses parece que son poco abertzales. Ante esa adversa imposibilidad, Urkullu y Barkos organizaron en Bértiz un lauak bat (?) para mostrar públicamente al menos la unión de los cuatro provincias de Euskadi sur. Como siempre en esta legislatura, estuvieron también ahí unidas las cuatro como unidos están en todo sus dos casi copresidentes. Unidas en un mismo mensaje a dos voces engoladas, en dos presidentes con complejo de superioridad, con imaginarios superiores derechos que sus vecinos. Los entusiastas quizás esperaban un acontecimiento histórico planetario del rango del que anunció Leyre Pagín en su día (el encuentro Obama-Zapatero). No fue así. El mensaje resultó aburrido, repetitivo: el bla bla bla acostumbrado de una retórica semivacía (DN 5 Mayo: “promoción de una declaración crítica global sobre el pasado ...”, “reflexión crítica y compartida ...”, “alcanzar consensos parlamentarios” …,“reparar a todas las víctimas ...”), un desfile de palabras disfrazadas en el que los asesinos pueden aparecer en cualquier momento como víctimas. Lo que quedó más claro fue su preocupación por acercar los presos a Euskadi. Callaron sin embargo sobre los más de trescientos asesinatos sin resolver, no echaron en falta para nada que no se haya hecho justicia sobre ellos. Ni pidieron justicia ni mucho menos exigieron a ETA que contribuya a esclarecerlos. Se comprobó una vez más que están muy lejos de las víctimas, que les preocupan mucho más los asesinos presos de ETA que sus víctimas. No fue una sorpresa. Ha sido lo habitual en ellos.

También en otros sentidos el mensaje resultó incompleto. Los peneuvistas no agradecieron a la banda por haber movido el árbol y haberles permitido coger tantísimas nueces, ni por haber acobardado a los no nacionalistas haciendo equivalente significarse como no nacionalista y ser asesinable, por haber silenciado su voz y haberles expulsado de facto del terreno de juego político en muchos lugares durante cuarenta años, poniendo en bandeja al nacionalismo un indecente monopolio político que no les ha producido ninguna incomodidad moral, democrática. Y encima nos han querido dar lecciones con el “kambio”.

A diferencia de los Obispos (¿ahí sí hubo zazpiak bat?), los peneuvistas no pidieron perdón por sus pecados políticos: por haber mirado a otro lado (¿cuántas veces hija mía?), por tanta nuez recogida, por las equidistancias, las ambigüedades, el pacto de Estella,las colaboraciones encubiertas… El peneuvismo, antaño muy cristiano, ha perdido el sentido de la culpa y se cree irreprochable y con su contador a cero en lo relativo a culpas o reproches éticos y políticos en este asunto. Yendo a lo que nos toca más de cerca, Barkos tampoco pidió perdón por gobernar gracias al apoyo de quienes han sido instrumento político de los asesinos y siguen sin condenar sus crímenes, ni por sus intentos de manipular a las víctimas, de contribuir al blanqueo del pasado etarra … En esto, como en todo lo demás (como cuando hace unos días mintió diciendo que aquí no se habían visto ikurriñas en los balcones institucionales), se considera siempre irreprochable ética, estética y políticamente. Tan irreprochable como cuando hace una política lingüística que premia a los vascoparlantes y castiga a la mayoría, y contra la que acaban de convocar una manifestación de protesta. A los irreprochables sólo les cabe en la cabeza pensar que los convocantes de la protesta son, al igual que el año pasado, ultras, extremistas indignos del sistema democrático (incomparablemente inferiores a Bildu, con el que Barkos gobierna irreprochablemente). O pensar que (los convocantes) son incluso algo peor: enemigos del euskera, el peor pecado, el que no tiene perdón. Porque sentido de las culpas propias los irreprochables no tienen, pero eso sí, espíritu inquisitorial y afán por culpabilizar y castigar a los discrepantes les sobra.

Rafael Berro Úriz

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