La incomparable generosidad de escuchar
Actualizado el 13/05/2018 a las 19:26
Recuerdo como si fuera ahora aquella pantalla de televisión no mayor que la de mi ordenador. No teníamos luz, así que la batería que la hacía funcionar y que mi padre recargaba en la gasolinera, se reservaba para ver el Directísimo y poco más. José María Íñigo era una institución en casa . Me resultan imborrables no pocas noches en las que nos sentábamos todos para ver y escuchar a este gran comunicador al que debo mi vocación y el haber sido mi referente durante tantos años de trabajo. Nunca tuve la oportunidad de conocerle. Sin embargo, siento que siempre estaré en deuda con él por haberme enseñado, aunque sea gracias al aliento de una batería, el secreto del verdadero periodismo: la incomparable generosidad de escuchar