Reflexiones sobre los temores de Madeleine Albright (III)
Publicado el 28/04/2018 a las 04:30
Creo que la mayoría de estos partidos son un espejismo, y que no propugnan realmente nada nuevo, pero eso no quita ni pone para que supongan una fuerte voz de alarma a los partidos tradicionales y a los políticos profesionales. Se trata de una seria advertencia de que están haciendo muy mal las cosas. / No olvidemos que fue la fuerte crisis social y económica del país la que aupó a Putin a la presidencia de Rusia, lo mismo que fue la crisis de Turquía la que hizo que Erdogan llegara al poder. De China ni hablamos, porque ni siquiera hay elecciones dignas de tal nombre. En cuanto a Estados Unidos, el actual presidente, en mi opinión, es alguien acostumbrado a llevar sus empresas y sus negocios como se le antoja, tomando él las últimas decisiones (pero en muchos casos también las primeras). Y un país no puede ser llevado como una empresa. No obstante, creo que mejorará con el tiempo. Debemos tener en cuenta que ha conseguido conectar con el voto que deseaba conectar. Estados Unidos no se acaba con Nueva York o Los Ángeles, que se consideran más modernos y más europeos que el resto. Estados Unidos es muy grande, hay mucha población, muchos votos, y considero que, en general, el poder está muy contrapesado. Un mal presidente, o un mediocre presidente, no hunde un país como Estados Unidos. Pero sí pueden dejarlo muy deteriorado toda una sucesión de malos presidentes. Es algo que en España entendemos muy bien y que deberíamos acabar de aprender. Parece mentira el bajo nivel de la política nacional, pero no se le ve solución a corto plazo. / En cuanto a Europa, occidental y oriental, el descontento y las malas actuaciones, evidentemente, tendrán un precio a pagar. La gente se sorprende de los avances de la ultraderecha (o de la ultraizquierda, como en el caso de Grecia). Pero es el precio a pagar cuando el ciudadano piensa que ha sido engañado y que le toca siempre lo peor. En todo momento habrá partidos capaces de encauzar este descontento en beneficio propio y, en tiempos revueltos, la tendencia es hacia los extremos. Hay que tener mucho cuidado con esto, pues una tendencia hacia los extremos sí puede desestabilizar un país o un continente. Por tanto, creo que sí hay señales de alarma. / En fin, un saludo a mis posibles lectores y deseo, con todo corazón, que reflexionen sobre lo aquí expuesto. / Carlos María San Felipe DonloLicenciado en Geografía e HistoriaExperto Universitario en Servicios de InteligenciaMáster en Paz, Seguridad y DefensaDoctor en Paz y Seguridad Internacional