Reflexiones sobre los temores de Madeleine Albright (II)
Publicado el 28/04/2018 a las 04:26
En cuanto a los dirigentes, tenga usted en cuenta que no hace muchas décadas atrás, cuando subió Felipe González al poder, por ejemplo, se llevaba un dirigente político inmoral o amoral, desinhibido, fotogénico y maquiavélico, pero que pudiese "conectar" con el sector de la población que debía votarle. A esto contribuyeron enormemente los periodistas y los asesores de imagen, que propagaron este perfil de candidato por todo el mundo occidental. / ¿Dónde estaría el mundo -Occidente incluido- si este perfil hubiera estado de moda en los tiempos de Roosevelt, de Churchill o de De Gaulle? En mi opinión, vale mucho más el carácter del individuo y los planes políticos, sociales y económicos que propugna, que su apariencia física y su aparente "carisma" (que luego no es tal, pues se desvanece con el tiempo; exactamente con el tiempo que tardan los votantes en conocerlo como persona y como líder). / Y con esto último quiero recapitular también una idea: nos han convencido de que lo que alguien haga en su vida privada no tiene nada que ver con su vida pública. Creo que es una idea tremendamente falsa. Si alguien, en su vida privada, es falso, cruel, engañoso, desafecto de su familia, etc., ¿en su vida pública va a ser mejor? ¿Va a ser mejor con los que desconoce y no siente nada por ellos que con aquellos que conoce y a quienes quiere (o debería querer)? / En suma, me temo que "nos han metido muchos goles", empleando un símil futbolístico. Nos han estado bombardeando con ideas que les interesaban, pero que distan mucho de la realidad. Y, en cuanto a realidad, ésta también dista mucho de lo "políticamente correcto". La idea de lo "políticamente correcto" surgió de los partidos de la izquierda europea ya en los años 20 del pasado siglo, en un intento de influir en la sociedad y en la política más de lo que los votos auguraban a cada uno de estos partidos. Fueron, sobre todo, los partidos comunistas quienes emplearon esta idea. Pero nunca ha contribuido al bienestar general. Creo que es una idea malsana. Si alguien define lo "políticamente correcto", empecemos por preguntarnos: ¿quién es él para definir tal cosa? Y sobre todo: ¿con qué autoridad lo hace? ¿No será el conjunto de la población quien deba definir de qué quiere hablar y qué quiere hacer? La idea de lo políticamente correcto limita el debate político y lo maniata y amordaza. Quien no cumpla con lo "políticamente correcto" es tachado ya, directamente, de fascista, dictatorial, etc. Pero hay temas sobre los que se debería debatir intensamente y las leyes deberían ser, como en Suiza, aprobadas por el conjunto de la población. Temas como el tipo de sociedad, el modelo de desarrollo económico, la inmigración, las intervenciones militares, etc., deberían tener el apoyo mayoritario de los ciudadanos. Nos encontramos, actualmente, con que no tienen este apoyo. De ahí que, en tiempos de crisis, la gente reaccione y vote partidos nuevos que no se han "quemado" con las políticas anteriores.