Reflexiones sobre los temores de Madeleine Albright (I)
Publicado el 28/04/2018 a las 04:19
No hace muchos días, en un artículo aparecido en el New York Times, Madelein Albright, antigua secretaria de Estado norteamericana, se preguntaba si estaríamos a tiempo, todavía, de parar las tendencias autocráticas -quizá dictatoriales- que se perfilan en los dirigentes de los principales países del mundo (occidentales y orientales). La señora Albright consideraba, con razón, que el asunto no es baladí, pues de él depende, de alguna forma, el futuro del mundo y la evolución política, social y económica de la humanidad. / Pues bien, Me temo que tiene gran parte de razón la Sra. Madeleine. Después de la Segunda Guerra Mundial no se acabó de instaurar una democracia en Europa, sino una partitocracia. Los partidos políticos están muy cómodos en un régimen que controlan y gobiernan. No gobiernan los pueblos de las naciones, sino los partidos que alcanzan el poder. De ahí que puedan hacer caso omiso de muchos de sus programas electorales y, en cambio, cumplir otros compromisos que figuraban -o incluso no figuraban- en sus programas. / La gente está cansada de que lleven a cabo políticas que no se sabe quién ha decidido ni cómo, porque la toma de decisiones no es transparente. Si esto es así a nivel nacional, aún lo es más en la Unión Europea (lo que, por cierto, ha justificado, hasta cierto punto, la tendencia a la escisión de Gran Bretaña). El caso es que lobbies de todas las categorías y que defienden cosas variopintas actúan entre bastidores, y casi nunca -por no decir nunca- es para el bien del ciudadano medio. / En cuanto a los valores, los valores de la civilización occidental, no nos engañemos, surgen del cristianismo. A ellos se añade la democracia, que no es puramente un invento cristiano, pero que tampoco va contra el cristianismo como tal (de hecho, en muchas cosas puede complementar los valores de dignidad, esfuerzo, cooperación, misericordia, autocontrol, etc., surgidos del cristianismo). Pero estos valores han sido atacados como caducos en los últimos doscientos años (y más aún en los últimos cincuenta años). De ahí surge esta crisis de valores. Liberales y partidos de izquierda han prometido un cielo en la tierra que nunca llega y jamás ha de llegar, porque el ser humano sigue siendo humano y los problemas nunca han de cesar. Se solucionarán unos y aparecerán otros. Todo el mundo sabe que la historia no es una balsa de aceite. Como mucho, es un mar con mucho temperamento. A semanas de calma pueden suceder semanas de grandes tormentas, y nunca se sabe qué época histórica nos va a tocar vivir. La maldición china se sigue cumpliento: "Ojalá vivas en una época histórica interesante". Vivimos, efectivamente, en una época histórica interesante. No hay guerras, gracias a Dios. Al menos en la parte del planeta que habitamos, pero los cambios se suceden rápidamente, tan rápidamente que, incluso a las clases dirigentes, va a serles muy difícil controlarlos. /