Víctimas y sociedad
Actualizado el 27/04/2018 a las 14:20
Resulta fascinante y conmovedor ver la capacidad de movilización de parte de la sociedad ante lo que considera una injusticia y observar cómo se manifiesta, física y digitalmente, en contra de sentencias dictadas por diferentes tribunales acerca de hechos que, nos guste o no, son susceptibles de interpretación y de los que solamente los actores tienen una idea clara de lo sucedido y su valoración corresponde a los profesionales de la judicatura. No entro a valorar las propias sentencias ni se me ocurriría tomar partido por una u otra parte aunque tenga como todos una opinión formada al respecto en cada uno de los casos que recientemente tenemos en el candelero; creo firmemente en la formación y profesionalidad de los miembros de la judicatura y sin embargo reniego de los que solo esperan una resolución para estar de acuerdo y aplaudirla en caso de que sea acorde a sus ideas o expectativas o demonizarla en caso contrario. Igualmente fascinado observo como ante hechos contrastados, ante sentencias firmes acerca de delitos probados de terrorismo, ante la historia de extorsión y asesinatos de una banda criminal que ha puesto en vilo a toda la sociedad causando miles de afectados entre muertos, mutilados, exiliados de su propia tierra y en definitiva ante el desafío a todos aquellos que no participasen de sus ideas secesionistas, la sociedad permanezca cuasi pasiva y no sea capaz de reaccionar frente a los que han atentado contra sus derechos, su futuro y su idea de construcción de una sociedad justa, libre y en paz. A pesar de los intentos de ETA por destruir el progreso de nuestro país, observamos como afortunadamente han sido vencidos y su historia de muerte y extorsión forma parte del pasado; pero ese pasado no ha de ser ni olvidado ni reescrito por quienes tras su derrota operativa pretenden justificar y blanquear toda esa trayectoria de asesinatos y dolor. Debemos como sociedad seguir manteniendo la memoria de todos los que han dado su vida o su futuro como causa de ese envite al proyecto que queríamos para nosotros y que afortunadamente no nos han conseguido robar. Sigamos actuando contra lo que consideramos injusto hoy en día, pero no olvidemos las injusticias de nuestro pasado reciente ni permitamos que se borre de la memoria colectiva el sacrificio de los que han dejado su vida o su futuro como consecuencia de los intentos baldíos de unos criminales por destruir nuestro bienestar. No dejemos tampoco que nos cuenten a su manera lo que ocurrió porque lo sabemos muy bien, hemos vencido, no se han salido con la suya, no dejemos de celebrarlo y reivindicarlo allí donde haga falta. Más de 800 personas han sido asesinadas y miles han sufrido y siguen sufriendo las consecuencias del terrorismo como causa de un asalto fracasado al modelo de país y de vida que hoy disfrutamos y que pretendemos seguir construyendo. Su memoria y su sacrificio bien valen nuestro homenaje y nuestra implicación. El suyo también.