Soy pamplonés y te creo

Salvador Ruiz Murugarren|

Actualizado el 27/04/2018 a las 14:19

Soy pamplonés, médico psiquiatra ejerciendo en Madrid y trabajando ininterrumpidamente en Urgencias de Psiquiatría durante los últimos 8 años. La distancia con mi tierra no ha despistado mis sentimientos hacia ella, y para un pamplonés o pamplonesa bombeando oxitocina el caso de “La manada” es especialmente doloroso. Primero y más importante por la víctima. Con mi experiencia ni siquiera me acerco a imaginar el dolor y el sufrimiento del trauma y de todo el proceso. No he visto una víctima que no se sienta culpable por lo que ha vivido. Hay una posible causa psicológica para ello, ya que la culpabilidad es más llevadera que la impotencia. Dicho de otra forma, parece más adaptativo pensar que podías haber hecho algo para evitarlo que aceptar vivir en un mundo donde te pueden pasar crímenes horribles sin que puedas hacer nada. Pero también hay una causa sociocultural para esa injusta culpa, con raíces de desigualdad, misoginia, prejuicios y proyecciones de los deseos más oscuros de nuestra sociedad. Segundo, porque hemos crecido en el convencimiento de la seguridad y nobleza de nuestra capital. Que un ataque tan horrible suceda aquí y vincule nuestras fiestas a ello durante años también duele en el corazón pamplonica, siempre orgulloso de recibir a todos y compartir alegría esos días de julio. Si leo las últimas noticias sobre el caso y los argumentos de ese tercer magistrado me noto inundándome de rabia, y el deseo de justicia se convierte en deseo de venganza. Y cuando esa pasión aparece me alejo de otras reflexiones que han permitido construir el Estado de Derecho. Que desee el mayor dolor posible a esos delincuentes no puede estar por encima de las leyes, los jueces o nuestra propia Constitución. Y a la vez siento temor porque si hablo en este tono se confunda con una justificación de los condenados o una culpabilización de la víctima. Quizás todas las protestas puedan servir para revisar una ley que parece débil e injusta a ojos de alguien sin conocimientos jurídicos. Hasta que eso ocurra tengo que seguir confiando en nuestro sistema sin dirigir mi rabia hacia quienes aplican esa misma ley. No podré nunca ser equidistante con este caso, mi corazón llora de pena, pero no voy a contribuir en la radicalización de una sociedad que basa su formación para opinar en tuits. Me niego a formar parte de la criminalización de cualquier género por el mero hecho de pertenecer a él. No quiero su cabeza en picas, quiero una reflexión que permita actualizar la ley respetando la división de poderes y nuestra Constitución. Quiero educación sexual desde la infancia, adaptada a la realidad y sin sesgos ideológicos más allá de los derechos humanos. Quiero todo eso, pero no podemos hacerlo solos. Emprendamos el cambio para que no haya víctimas en el futuro. Yo te creo.

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