De armas y diablos

Jose Mª Redín Berdonce|

Publicado el 08/04/2018 a las 10:42

Veo cada vez con más preocupación cómo en Estados Unidos, pese a haber sucedido tantas muertes, existen inútiles en centros escolares y en otros lugares de reunión. No se hace otra cosa que tratar de poner parches y excusas a algo tan obvio como es la venta de armas. En lugar de ir directos al problema principal, que no es otra cuestión que erradicar el acceso de cualquier ciudadano a disponer de un arma, se vanaglorian de poder acceder hasta del último fusil ametrallador que salga al mercado. Ahora leo en la prensa y veo en televisión que para remediar estos hechos no se les ha ocurrido otra idea que hacerles unas mochilas (eso sí, especiales) para los escolares, acompañadas de unos chalecos antibalas para protegerlos del ‘loco de turno’. Esto viene a ser como si enviarámos a misión a un apóstol con la biblia, la cruz como enseña, y un revolver en el cinto. Pero es que además de esta sin razón hay muchas más. Por ejemplo, cuántas veces habremos oído eso que dice “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”, o frases incongruentes y falsas, por no decir interesadas, como “ándate con cuidado que las armas las carga el diablo” . Vaya insensatez. Las armas ni las ha cargado ni las cargará nunca el diablo: los fusiles, los cañones, y cualquier tipo de armamento lo han hecho, lo han cargado, y los ha usado siempre el hombre. Y su único objetivo ha sido matar. Para luego decir aquello de que en lugar de armas mejor hacer “arados”. ¡Pues hagámoslos! Otra cuestión muy distinta es que los gobiernos de toda nación, tanto por preservar el orden como su propia independencia de estado, estén legitimados a defender su territorio y su constitución ante cualquier conflicto o adversidad. (...) Pero volviendo a lo que sucede en Estados Unidos, vemos que no es más de lo que sucede en otros sitios: el poder del dinero. Cuando la verdad se quiere ocultar y tratamos de buscarle un sinfín de razones, acabamos perdidos en un mar de confusiones.Y en este, como en otros casos, aunque la verdad prevalece, no se tiene en cuenta la verdadera razón, sino la que más interese. El negocio de las armas es tan brutal como el de los medicamentos: y algunas hasta tan unido que lo mismo lo firman las grandes multinacionales, como los gobiernos. (...)

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