La Semana Santa pamplonesa
Publicado el 29/03/2018 a las 08:59
Puede que la conmemoración de la Semana Santa quede un tanto trasnochada en sus formas, para los más “viejos” del lugar. Pero no es así, claro que los tiempos cambian o puede que seamos nosotros quienes adaptemos el pasado a los nuestros. Recuerdo que cuarenta días antes a la Semana Santa, suprimían todos los actos lúdicos - solamente quedaban los sacros-. Las iglesias cubrían sus retablos completamente con telas moradas y se hacían votos de penitencia durante la cuaresma. Eran los días previos a la Semana Santa actual, realmente un tanto tediosos, sobre todo para la juventud. Algunos teníamos privilegios añadidos, entre los 6 a los 13 años, como infantes cantores de la capilla catedralicia con un amplio repertorio musical. En la procesión del Santo Entierro, seguíamos a la Dolorosa. Era tarea difícil hacerse con un buen lugar, pues había que madrugar tres horas antes para tener primeras filas. Los Hermanos de la Pasión (Mozorros) cubrían toda ella con amplitud, muchos estaban en lista de espera para figurar como romanos o portadores de pasos. El momento cumbre de la Semana Santa (entre otros importantes) era las Siete Palabras que Jesús crucificado pronunció antes de su muerte. Partitura del compositor francés Théodore Dubois, con el acto en la catedral que daba comienzo a las 12 para finalizar a las 15 horas. Dubois supo imprimir a la bíblica palabra un dramatismo intenso y un lirismo en consonancia con el texto. Oratorio con sabia combinación de solos y coros. La partitura goza en Pamplona de una tradición centenaria en el siglo pasado. Tras una interrupción de 14 años (1888-2002) fue repuesta en el año 2002, en versión concierto, en la iglesia de San Nicolás, gracias al apoyo del Ayuntamiento de Yolanda Barcina y de la capilla de música catedralicia, orquesta y voces de privilegio, dirigidos magistralmente por Aurelio Sagaseta. El público abarrotó el templo y ovacionó al final. Imposible olvidar mis tiempos de “voz blanca” donde compartí los coros y/o solos con Segundo Egaña, Remigio Múgica, Julián Olaz, Juanito Eraso, Martín Lipuzcoa. Éramos siete infantes y cantábamos junto al resto de titulares del coro. Destaco el dramatismo de Egaña y la elegancia de Múgica y el Stabat mater, cantada por el infante Josecho García de prodigiosa voz. Recuerdo la vez que fui invitado por amigos a la Semana Santa sevillana. Inolvidable por su “puesta en escena”. Lujo, fervor, cofradías diferentes, saetas múltiples, folklore... Fasto, nada que ver con la austeridad de la nuestra, público extranjero y nacional bien colocados en tribunas de pago. En mi caso fue en calle estrecha central, donde podía mezclarme con figurantes y “saetistas” - gracias a la familia Prieto-. Va perdiendo figurantes nuestra Semana Santa, pues los mozorros escasean, y las Manolas, ¿dónde están? Soy Hermano de la Pasión y les acompañaría pero mi túnica desapareció... Ahora van mujeres entunicadas (fenomenal) y otras vestidas de “soldados romanos”. Durante muchos años, los romanos aplicaban la pena de muerte crucificando a miles de reos (pocos romanos) en cruces en forma de T, y ya muertos las alimañas se alimentaban -¡tremendo!-. A los mejor tratados, como a Jesús, los clavaban por las muñecas y los pies, aunque un romano clavó su lanza en el costado acelerando su muerte.
Llevo las Siete Palabras en el alma y junto a los clavos de Cristo en el corazón mientras viva. Agradezco al coro y a los solistas que retomaron y cantan las Siete Palabras de Dubois, y yo allí estaré. Cierto es que el acto dura dos horas. Al margen de la música, faltaría una buena oratoria entre las palabras que tienen un riquísimo contenido para atraer al público. ¡Y que el tiempo acompañe en la procesión!