Más allá del cromosoma 21

Rubén Mina Pérez|

Publicado el 21/03/2018 a las 08:10

Dejémonos de etiquetas. Que son como tú y como yo. Ante todo personas. Con sus sentimientos, con sus problemas, con sus dificultades, sus alegrías y sus penas como las que puede tener todo ser humano.

Que manía con llamarles “personas discapacitadas”. Mejor que antaño está sin duda la terminología utilizada, pero cuánto camino nos queda todavía por recorrer. No vamos a recordar términos pasados. No, por Dios. A mí en particular me gusta denominar a estas personas como personas con Síndrome de Down. Porque discapacitados somos todos. Si, han leído bien. Yo en particular me siento capacitado en pocas cosas y discapacitado en muchas. Capacitado en aquello que domino, en todo lo que tiene que ver con mis fortalezas y muy discapacitado en lo referente a mis debilidades que también las tengo. Tan solo son personas marcadas de por vida por un caprichoso cromosoma, el número 21, pero son muy capaces. Discapacitada lamentablemente es esta sociedad que tenemos, que en pleno siglo XXI todavía no es capaz de dar de dar respuestas apropiadas a estas personas.

Y si no vean el caso de Pablo Pineda. Hablo de él por ser conocido por todos pero detrás de Pablo está representada cada una de estas personas. No obstante, Pablo por ahora es la primera persona con Síndrome de Down en obtener dos títulos universitarios. Licenciado en Psicopedagogía y diplomado en Magisterio.

No tengo el gusto de conocerle personalmente -me encantaría por cierto- pero algo tenemos en común; decidimos estudiar las mismas carreras universitarias aunque con una injusta diferencia importante. Yo tengo la inmensa suerte de trabajar de lo mío en un centro educativo y él, sin embargo, no puede ejercer. Bueno no puede no, no le dejan, que es diferente.

Los motivos todos nos los podemos imaginar pero, ¿por qué? ¿Porque tiene Síndrome de Down? Pero, vamos a ver, ¿acaso no es verdad que en todos los centros educativos se habla con orgullo de integración, de igual de oportunidades para todos, de mentalidad abierta, etc? Y llega la hora de la verdad y que… Todavía desafortunadamente nos siguen pesando los prejuicios, el qué dirán los padres si el profesor de mi hijo tiene Síndrome de Down y, claro, luego está el resto del claustro de profesores con sus particularidades y miedos.

La realidad debería ser otra. Deberíamos romper cadenas, miedos, prejuicios, cobardías y ser valientes. Dar pasos firmes hacia adelante. A Pablo se lo tenían que rifar en los colegios. No solo por él, que lógicamente también porque vería cumplido un sueño, sino también por los demás. Porque Pablo, al igual que cada una de estas personas que padecen este síndrome, es un ejemplo de superación, de lucha y de entrega. En resumen, es una lección de vida y todo esto a nuestros alumnos les enriquece y les hace crecer como personas, ser más auténticos y tener una mentalidad abierta para que el día de mañana puedan hacer de este mundo un lugar mejor.

La escuela debería apostar realmente por educar para la vida, proporcionando a sus alumnos lecciones de vida. Ese debería ser el gran cambio educativo, porque el mundo necesita soñadores y necesita hacedores. Pero sobre todo el mundo necesita soñadores que hacen. Que se siga teniendo siempre el coraje de perseguir los sueños y se confíe en la certeza de que tarde o temprano se harán realidad


Rubén Mina Pérez, profesor de Pedagogía Terapéutica en el colegio San Ignacio de Pamplona.

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