Sin miedo y con una sonrisa

Patricia P. Alonso|

Publicado el 19/03/2018 a las 08:33

Cuando el viernes de madrugada volvía a casa después de pasar una noche de fiesta entre amigos, en la plaza del Castillo me paran tres individuos de Valladolid para preguntarme la dirección de una conocida discoteca. No tuve ningún reparo ni ninguna duda en detenerme e indicarles cómo podían llegar, e incluso intercambiar cuatro bromas con ellos.

Y es que en esta ciudad, gracias o debido a los Sanfermines o al Camino de Santiago, por ejemplo, cada vez estamos más acostumbrados a brindar ayuda al de fuera (lo típico es que estén perdidos), así que me presté a ayudarles. He de decir que en ningún momento sentí miedo. 4:30 de la mañana, plaza del Castillo, todas las farolas encendidas y bastante gente por la calle. Me sentí a salvo y segura en mi ciudad. Para mí la situación fue normal, cotidiana. No vi peligro. Y entonces, tras cinco minutos de charla, uno de ellos y sin venir a cuento) me dice: “nosotros somos de follarnos a una entre tres”. No daba crédito a lo escuchado. Lo he calculado, cuesta decir esa frase tres segundos. Nunca habría imaginado que en tres segundos se pudiera sentir el cúmulo de sensaciones que recorrió mi cuerpo. Asco, impotencia, injusticia, frustración, pena... En fin, muchas cosas malas. Sorprendentemente no sentí miedo, aun con todo, seguí sintiéndome a salvo en mi ciudad. Creo que por esto me atreví a lanzarles un improperio, darme la vuelta y alejarme (mi cerebro reptiliano tomó el control en ese momento).

Se me pasó por la cabeza ir a la policía y denunciar pero, ¿qué iba a decirles? ¿Que alguien había expresado en mi presencia una preferencia sexual que yo había interpretado como velada amenaza? Sentí que no llegaría a ningún lado por esa vía, algo una vez más injusto, porque si eso alguien lo hubiese publicado en Twitter, creo que habría tenido consecuencias. ¿Es menos vejatorio que te digan algo así a la cara, utilizando quizá un físico intimidatorio y el poder de ir en grupo que escribirlo en las redes sociales? Me da que no...Así que no sé cómo tengo que tomarme esto.

Y, sobre todo, me pregunto si esos tres payasos van haciendo este tipo de comentarios a las chicas de su ciudad o solo los reservan para cuando vienen a Pamplona. A mí, desde luego, me pilló a contrapié, podía haber esperado otro tipo de comentarios como “vaya culo” o “vaya tetas” para los que, desgraciadamente, las chicas estamos sobradamente preparadas para ignorar. Pero esto fue de los más bajo que me han podido decir nunca. Y lo que más me preocupa es que estos tres energúmenos se quedaron sueltos por la ciudad, no pongo en duda que la “bromita” se la habrían soltado a más de una en su camino. Pero espero que solo se quedaran en palabras de unos orcos, arropados por “ir en manada” y envalentonados por el alcohol. Y que se hayan largado ya a Valladolid a ejercer de “buenos” hijos, hermanos, novios...

Tres días después de lo sucedido y a pesar de tener serias dudas al respecto, fui a denunciar a los forales (por la cosa de no dejar ningún cabo suelto, como ya me sugirió una conocida).

Después de exponer los hechos tal y como aquí los narro y sin que hubiese intención de agredirme físicamente o de retenerme en contra de mi voluntad por parte de esas tres personas, me comunicaron que no se sostendría una denuncia ni cualquier otro tipo de acción legal, aunque hubiese sido hecho en el momento.

Así que desde este soporte comunicativo solo me queda advertir a las mujeres de que debemos estar preparadas para recibir este tipo de comentarios vejatorios también y que poco se puede hacer por la vía legal, desgraciadamente. Quiero destacar la amabilidad y la comprensión ante mi frustración de los dos profesionales que me atendieron. Yo por mi parte seguiré parándome por la calle a ayudar, en lo que esté en mi mano, al recién llegado, sin miedo y con una sonrisa. Porque vivo, siento y soy de una ciudad amable, fuerte y luchadora.

Patricia P. Alonso

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