Cuando una madre remueve la conciencia de un país
Publicado el 16/03/2018 a las 08:19
Poco después de conocer la noticia de la muerte de su hijo a manos de una de las personas más allegada a ella, y sin esperar siquiera a que esta le pidiera perdón, en un acto que le honra y dice la gran humanidad de madre, pedía que si no la podían perdonar, al menos, no la injuriaran ni odiaran por el acto cometido. El ejemplo que nos ha dado a toda la sociedad la madre del pequeño Gabriel no es habitual en estos tiempos que corren. Este hecho tan espeluznante, a cualquiera de los mortales, nos habría removido las entrañas y no solo no le habríamos perdonado la vida, le habríamos negado hasta el pan y la sal… Ella tan solo lo deja en manos de la justicia terrenal, no quiere revanchas, odios ni rencores. Después de perder a su único hijo, tan solo quiere la paz. Cuando a unos padres les ocurre una situación de esta envergadura y lo primero que piden es que se trate de perdonar al asesino, solo puede ser por dos causas. La primera, tener unos valores cristianos o humanos muy profundos, y la otra tener una entereza que va más allá de la razón. Este caso de Gabriel tiene que hacernos pensar desde las más altas estancias hasta el más olvidado lugar que no todo es cuestión de leyes ni castigos, si no de saber discernir entre el bien y el mal. Por eso la educación y protección que nosotros les demos a nuestros hijos desde que son pequeños es tan importante. Esta y otras familias como la de Gabriel habrán pasado por estos momentos tan duros, y habrán pagado muy caro esta fatalidad. Pero, ¿cuántas más habrá en el mundo que por diversas causas de pobreza, política, fanatismo, drogas, emigración, prostitución, u otros motivos quedarán al desamparo de otros muchos gobiernos o regímenes de turno? Innumerables… Por eso, con este caso que nos ha removido las conciencias a media España tenemos que aprender que no todo en la vida es aspirar a tener mucho dinero, categoría o tan siquiera alcanzar grandes metas. Tan solo nos bastaría con ser mejores, más humanos y, como esta familia, tener un gran corazón.