En recuerdo de Fermín Ezcurra
Publicado el 12/03/2018 a las 09:17
Quien me conozca un poco se extrañará tal vez de que haya elegido este asunto para una carta a los lectores. Efectivamente, no he pisado todavía el estadio de El Sadar -mis preferencias han ido siempre por otros caminos- ni entiendo lo más mínimo de fútbol, al que veo como un fenómeno de proporciones increíbles y, a menudo, aberrantes. Soy uno de esos pocos ciudadanos que todavía existen y aborrecen del fútbol, ese hermoso deporte pero que se ha vuelto un fenómeno social desquiciante que mueve cantidades increíbles de dinero, hace feliz o desgraciada a tantísima gente y acapara constantemente las conversaciones, las hojas de medio periódico e innumerables horas en las ondas.
Es la personalidad de Fermín Ezcurra lo que me ha movido a darle a las teclas, y no para los obligados elogios que siempre se deben decir cuando alguien se muere en este país. Le traté personalmente hace muchos años cuando él era jefe de Créditos en la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona y yo el jefe administrativo de cierta empresa. Me pareció un hombre de pocas palabras, severo, al que no se podía ir con milongas. Después lo he visto muchas veces en los medios y he hablado con gente que le trató de cerca. Nacido en Oricain y, por tanto, cuenco de la más recia estirpe -como lo fue Florencio Idoate, el archivero-, Ezcurra fue un hombre que se hizo a sí mismo a base de honradez, austeridad y esfuerzo, un hijo distinguido de esa tierra de alrededor de Pamplona que comparte al mismo tiempo la ortodoxia y la heterodoxia porque cree a partes iguales, y con mucha fuerza, en Dios y en el dinero. Donde siempre se ha distinguido entre un duro y los diecinueve reales, y donde en otros tiempos podía quedarse una boda en agua de borrajas porque en la dote de la novia iba una narria defectuosa a falta de una revisión del herrero. Mi madre, que era de Esparza de Galar, creyente acérrima, solía decir que el que ahorra una peseta cuando puede, tiene un duro cuando quiere.
Si los políticos que nos rigen fueran todos como Ezcurra, Navarra y toda España sería hoy una especie de Suecia o Dinamarca que contrasta con la troupe de irresponsables e ineptos, cuando no de sinvergüenzas, que han regido después de él a Osasuna y al ahorro de los navarros. Le recordaremos siempre a Fermín Ezcurra, tanto los que les gusta el fútbol como los que no.