Un feminismo que no me representa. 8 de marzo
Actualizado el 09/03/2018 a las 15:20
Celebro cada día que se da un paso al frente en el reconocimiento de la dignidad de la mujer. No faltaba más. Y sé que todavía estamos muy lejos de reconocer socialmente a la mujer en su integridad. Por eso, días como el de hoy deberían ser una fiesta para todos, por cuanto supone nuestra aportación en el día a día. Sin embargo, sé que muchas mujeres no estamos de acuerdo con lo que hemos observado en los últimos meses. Muchas denuncias de maltratos deberían haberse hecho hace mucho tiempo, y a cada persona que las ha sufrido, querría acompañar y si fuera posible, ayudar a superar esas situaciones. No se me escapa que legalmente hay mucho que hacer, y un largo etcétera que cualquiera de los lectores podría señalar mejor que yo. Si embargo, a veces me avergüenzo. Sí, así es. Me avergüenzo de mujeres que “se liberan” con gritos y con mamarrachadas. No son así. Yo soy mujer (he de decir que no tengo ninguna duda sobre mi identidad de género), y sé que no son así. Que a las mujeres, durante siglos, no se les haya reconocido social o culturalmente el trabajo arduo de dar vida a una familia, día a día, no significa que queramos reivindicar el reconocimiento de una esclavitud. Yo, y muchas mujeres, no tenemos reparo en cuidar a los nuestros, así como muchos hombres tampoco lo tienen en hacer lo propio en sus familias. Mi madre no necesitaba que el vecindario reconociera sus madrugones por prepararnos para ir al colegio. Y así, miles de detalles. Por eso, aunque me gustaría que la primera inversión del Estado fuera para sostener y apoyar estas tareas tan cotidianas, pero VITALES, no deja de apenarme la actitud de protesta, violenta a veces, de mujeres (hombres ya hemos visto muchos) que se niegan a reconocer su gran capacidad de vivir para los demás. Porque eso supone complicarse la vida, y no está de moda vivir comprometido. Pero las cosas como son, no es una protesta femenina, sino una incomprensión básica de lo que ser persona significa. Evidentemente que las mujeres somos necesarias, como evidentemente ellos también lo son. Nos necesitamos: ¿cómo apegarse a un discurso de enfrentamiento, cuando lo suyo es caminar de la mano? ¿Cómo dar la razón a quienes tienen razones, pero piensan que su capacidad es su lastre? Sencillamente, tampoco me imagino un día de la Mujer de color rosa. ¿Por qué no voy a trabajar hoy, si es hoy precisamente (por una fecha arbitraria, por supuesto) cuando puedo demostrar que no sólo “sé”, o “hago”, sino sobre todo, que “soy”?