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Talantes y euskera

  • Rafael Berro Úriz|
Publicado el 13/04/2017 a las 08:06
La Ley del euskera de 1986 se hizo buscando consensos, negociando. En ese sentido es muy superior al actual decreto de Barkos, y ante el que sólo cabe responder que lo impuesto sin consenso se quitará de la misma manera. En esa diferencia entre aquella Ley y este decreto quedan reflejados los talantes de unos y otros. Los no nacionalistas intentaron negociar y pactar. Los nacionalistas, si tienen mayoría, imponen. Queda aquí más a la vista que en otros casos el talante autoritario de Barkos. Otro dato relevante: en aquellas negociaciones participó EA. Los no nacionalistas modificaron sus posiciones para llegar a un acuerdo. Al final EA votó en contra. El PNV había hecho ya algo parecido con la Constitución (negociar, obtener cesiones y finalmente no apoyar la Constitución). El juego favorito del nacionalismo cuando es minoría se ha repetido mucho: negociar, obtener ventajas y privilegios para, a continuación, o no firmar acuerdos (Constitución, Ley del Euskera del 86) y seguir exigiendo; o pactar para, pasado un tiempo, decir que lo pactado (Estatuto vasco, Amejoramiento navarro, sucesivos acuerdos para permitir la formación de gobiernos en Madrid) ya no sirve y exigir más. Y en España nunca falta algún gobernante ignorante/vanidoso que se cree capaz de conseguir él el acuerdo definitivo y vuelve a entrar en su juego. En Francia sería impensable. El sueldo de los funcionarios sale de los impuestos que todos pagamos por igual. Todos tenemos derecho por tanto a optar en igualdad de condiciones a cualquier puesto de funcionario. No valen tratos de favor a unos y desventajas a otros. Si Barkos pensaba y piensa que en la Administración faltan funcionarios euskeraparlantes podía haber optado por la sensatez y la moderación: haber negociado y pactado el nº idóneo de plazas con euskera, y haberlas sacado a oposición sólo para los vascotitulados. Y haber mantenido en el resto la igualdad de oportunidades. Pero no le han interesado ni la moderación ni el pacto. Podía haber optado al menos por la claridad, fijando unilateralmente ella el nº de plazas con euskera, sacándolas a oposición exclusivamente para euskeratitulados. El electorado habría conocido en tal caso con claridad el número fijado de plazas con euskera, y, de haberlo juzgado abusivo, le habría pasado factura electoral. Pero tampoco le ha interesado la claridad. Ha optado por la vía indirecta y oscura de aumentar el número de plazas con euskera sobrepuntuando el conocimiento de ese idioma. Mantiene así una falsa apariencia de igualdad de oportunidades. (...) Pero luego sucede que, con el euskera sobrepuntuado, los vascotitulados pasan a ocupar los primeros puestos de las listas y se quedan con las plazas, resultando excluidos de hecho los que no saben euskera. Y a los electores les es imposible saber el nº de casos en que se ha vulnerado la igualdad de oportunidades: tendrían que hacer un estudio de cada oposición, contrastando caso por caso las puntuaciones obtenidas en los exámenes con los resultados finales de las listas; algo que está fuera de su alcance. Barkos ha optado por la desigualdad de oportunidades y por el ocultamiento de la verdad. (...) En cuanto a la sensatez y moderación esperables de Barkos y asociados en este asunto, podemos tener en cuenta que suele haber cierta proporcionalidad entre nacionalismo y paranoia: a mayor dosis de lo uno, mayor de lo otro: España nos roba, España lleva 500 años sometiendo y aplastando a Euskadi y al euskera. Los paranoicos, si imponen su voluntad, no serán sensatos ni moderados. Tampoco quienes no condenan el asesinato como medio para conseguir objetivos políticos. Ni los que consideran que el euskera es la vía para llegar a hacer realidad los grandes objetivos: la construcción de Euskadi como nación, la absorción de Navarra y la ruptura de España. Si tienen votos suficientes, no encuentran una oposición y un rechazo político y social fuertes que les frene tendremos política abusiva, discriminadora, oscurantista. Y más cerca sus tres objetivos.
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