Esa es la pregunta que cada vez más españoles empiezan a hacerse: ¿De verdad nos merecemos esto?

Servicios de emergencia y miembros de la Guardia Civil trabajan en el lugar del accidente de dos trenes de alta velocidad que han colisionado en Urda (Toledo)
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Accidente ferroviario en Urda (Toledo)EFE
Servicios de emergencia y miembros de la Guardia Civil trabajan en el lugar del accidente de dos trenes de alta velocidad que han colisionado en Urda (Toledo)

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José Luis Alli

Publicado el 03/11/2026 a las 05:00

Accidentes ferroviarios, apagones, deterioro de servicios públicos, falta de explicaciones convincentes y ninguna asunción de responsabilidades. Son realidades distintas, pero todas ellas alimentan una misma preocupación: la sensación creciente de que España funciona peor que hace unos años. 

Lo preocupante no es que existan problemas. Ningún país está libre de ellos. Lo verdaderamente inquietante es la percepción de que los errores se repiten, las explicaciones llegan tarde y las responsabilidades rara vez se asumen. La educación pierde calidad, el peor informe PISA de los últimos años. La sanidad afronta listas de espera crecientes nunca antes conocidas y profesionales sometidos a una presión cada vez mayor. El acceso a la vivienda se aleja para muchos jóvenes. Los incidentes en infraestructuras estratégicas generan desconcierto y desconfianza. 

La cuestión de fondo no es ideológica. Es una cuestión de gestión. Cuando los ciudadanos observan que los servicios esenciales dejan de responder con la eficacia esperada, surge inevitablemente una pregunta: ¿se están tomando las decisiones adecuadas por las personas más preparadas? 

España dispone de profesionales extraordinarios en los hospitales, en las escuelas, en los ferrocarriles, en las universidades y en las empresas. El problema no está en la capacidad de la sociedad española. El problema aparece cuando el mérito, la experiencia y la competencia dejan de ser los criterios fundamentales para ocupar determinadas responsabilidades, y se valora ser de un partido político, o amigo de los políticos. La corrupción, cuando existe, deteriora la confianza en las instituciones. Pero también la mala gestión tiene consecuencias. No siempre son visibles de inmediato, pero terminan traduciéndose en peores servicios, mayores costes y una creciente frustración ciudadana. 

Merecemos una educación que forme, una sanidad que cuide, un transporte fiable y una política de vivienda capaz de ofrecer oportunidades reales. Merecemos transparencia, explicaciones y rendición de cuentas. Porque cuando la responsabilidad desaparece de la vida pública, quienes terminan pagando la factura son siempre los mismos: los ciudadanos. 

Y esa es la pregunta que cada vez más españoles empiezan a hacerse: ¿De verdad nos merecemos esto?

José Luis Alli. Ex gerente del Servicio Navarro de Salud

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