Agradecimiento a la Policía Foral por esa rueda

Policía Foral
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Ilustración que representa a agentes de la Policía Foral cambiando una ruedaDN
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María Irigoyen Martínez

Actualizado el 08/09/2026 a las 07:59

Escribo esta carta porque quiero agradecer a la Policía Foral la atención recibida ayer por la tarde. Tuve un pequeño percance con el coche; iba con una amiga a darnos un baño y pinchamos cuando no llevábamos ni diez minutos de camino. Paré en el arcén como pude. Los coches, por la velocidad, movían el mío bastante y, como había mucha circulación, no podía salir del coche. No habían pasado ni tres minutos cuando apareció de la nada una patrulla. Para mí fue un regalo inesperado. Estaba aturullada buscando los papeles del seguro del coche y el triángulo obligatorio para colocarlo en el arcén; no lo encontrábamos, seguro que eran los nervios, y a esas horas el calor apretaba considerablemente.

Bajó del coche primero un agente con una sonrisa en la cara y vino a preguntar qué había pasado. Mientras tanto, el otro agente empezó a poner varios conos en la carretera y a señalizar a los coches que se desviaran al carril contrario. El triángulo que yo buscaba ya no hacía falta.

Me preguntó si tenía rueda de recambio y le dije que sí. Yo añadí que estaba buscando los papeles del seguro para llamar a la grúa, y el agente, con una sonrisa, me dijo: “No se preocupe, no hace falta, nosotros se la colocamos”. En ese momento me sentí muy aliviada. Enseguida apareció el segundo agente y entre los dos se pusieron manos a la obra. No nos dejaron ayudarles a sacar las pocas pertenencias que había en el maletero. Yo pensaba para mis adentros: «Están ellos aquí y ya no hay por qué preocuparse».

De repente, el primer agente comentó: “Para que luego digan que la policía no está cuando se les necesita”. Y claro, ahí mi amiga y yo reclamamos: “¿Cómo que no están? Mire ahora, ha sido una suerte que nos hayan visto y que nos estén ayudando tranquilamente”. Luego apareció otra patrulla que dio el parte de lo que estaba pasando y colaboró también.

Puede parecer para alguno que lo esté leyendo una cosa muy sencilla y pequeña. Pero para mí no lo fue; además, es siempre en los pequeños detalles de cada día y en la manera de cómo se realizan donde se percibe la verdadera sutileza de ayudar al prójimo. Por eso quiero volver a agradecerles la ayuda prestada con tanta amabilidad, respeto, sin prisa alguna, y la calma que nos transmitieron. Muchas gracias, señores agentes de la Policía Foral, por lo que hicieron ayer, por estar ahí y por tantas cosas que no sabemos. Gracias por cuidarnos con estos pequeños detalles.

María Irigoyen Martínez

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