Mi tía Teresa, una santa en la puerta de al lado


Publicado el 01/09/2026 a las 05:00
Hace unos meses falleció mi tía, sor Teresa Fernández, hermana de la congregación de las Siervas de María. Su muerte pasó, como tantas otras, sin titulares ni grandes reconocimientos. Se había dedicado durante muchos años a cuidar a los demás como enfermera en los hospitales de París, lejos de su Navarra natal. Una vida aparentemente sencilla, alejada de cualquier notoriedad.
Sin embargo, hizo lo ordinario de manera extraordinaria. Dejó tal huella entre quienes la conocieron que, a pesar de llevar ya bastante tiempo retirada, varias personas acudieron a su funeral para darle el último adiós. Yo me había despedido de ella unos días antes. Allí pude contemplar a una de las mujeres que más he admirado. A pesar de padecer un cáncer muy doloroso, conversó conmigo durante largos ratos sin quejarse de nada. Era algo habitual en ella. Cuando le preguntaba “¿Qué tal estás?”, siempre respondía que bien y enseguida se interesaba por mí y por los demás.
Tanto la superiora como las hermanas que convivieron con sor Teresa coinciden en que dio un gran ejemplo de entrega y confianza en Dios, tanto en la comunidad como en el hospital. La Eucaristía era el motor de su vida. La recibía a diario. Incluso cuando ya no podía salir de su habitación, pedía que se la llevaran. Poco antes de morir, todavía tuvo el detalle de acercarse a su enfermero y darle un beso.
El papa Francisco habló durante su pontificado de “los santos de la puerta de al lado”. Creo que sor Teresa es uno de ellos: ese tipo de personas que probablemente no estarán en un altar, pero de las que, conociendo su vida y sus obras, podemos estar seguros de que se hallan en la presencia del Señor. He podido constatarlo un par de veces: le he pedido ayuda y, Dios mediante, se me ha concedido aquello que solicitaba.