Gracias a la Asociación Española Contra el Cáncer por recordarme que no estoy sola


Publicado el 19/08/2026 a las 05:00
Tengo 36 años. Mi marido también. Tenemos un niño de 3 años y un bebé de 8 meses. Toda una vida por delante. Si me ves por ahí, probablemente pensarías que somos una familia joven como tantas otras. Una familia feliz, disfrutando de sus hijos, viviendo momentos inolvidables. Y lo somos. Pero este año nuestra vida cambió de golpe. Me diagnosticaron un cáncer de mama agresivo. Desde entonces han llegado 17 sesiones de quimioterapia, 15 sesiones de radioterapia, una mastectomía, quimioterapia oral y un seguimiento médico estrecho durante toda mi vida, porque mi riesgo de recaída es alto.
Cuando recibí el diagnóstico, lo primero que hice fue llamar a la Asociación Española Contra el Cáncer. Y allí, en uno de los momentos de mayor miedo de mi vida, me tendieron la mano. Me ofrecieron apoyo psicológico prácticamente desde el primer momento. Marta me acompañó semanalmente durante la primera parte de mi proceso. No solo me escuchó: también nos enseñó herramientas de mindfulness y de manejo de la ansiedad para poder afrontar todo aquello que se nos venía encima.
También me ofrecieron un programa de ejercicio que fue, literalmente, un paracaídas. Un paracaídas para mi cuerpo, sí, pero también para mi cabeza y para mi corazón. Porque allí pude conocer a otras personas que estaban atravesando situaciones parecidas. Y eso, cuando tienes 36 años y estás pasando por un cáncer, vale muchísimo. Porque por suerte, a nuestra edad, no es habitual vivir algo así. Y encontrar a alguien que no necesita que le expliques cómo te sientes porque ya lo sabe, es un regalo. Nos reíamos. Hacíamos ejercicio. Hablábamos. Incluso tomábamos café. Durante un tiempo, todo iba relativamente bien. Hasta que llegaron resultados que ya no fueron tan buenos y mi realidad cambió de nuevo.
Entonces apareció Maite, mi psicooncóloga. Y hoy sigue acompañándome cada semana, ayudándome a transitar esta nueva realidad, a convivir con el miedo y a intentar recuperar una vida que ya nunca volverá a ser exactamente igual. Y todo esto, a coste cero.
Y esto es solo una pequeña parte de todo lo que ofrece la AECC: apoyo psicológico y emocional, asesoramiento legal y laboral, nutrición, fisioterapia, apoyo a familiares, actividades de ocio, ejercicio, paseos saludables y, algo fundamental, apoyo a la investigación para que algún día ninguna familia tenga que pasar por esto.
Hasta hace unos meses, para mí el cáncer era algo lejano. Y la AECC era, simplemente, aquella asociación que veía salir con sus huchas por la calle el día del Corpus. Hoy sé que detrás de esas huchas hay mucho más. Hay personas. Personas que te sostienen cuando ya no puedes más. Que te ayudan a entender lo que te está pasando. Que te acompañan cuando tienes miedo. Que te recuerdan que sigues siendo tú, aunque tu vida haya cambiado. Hoy me toca a mí. Ojalá nunca te toque.
Pero mañana podría tocarte a ti, a alguien que quieres, a un amigo, un hermano, un hijo. Por eso no quiero hablar de estadísticas ni de tratamientos. Hoy solo quiero decir gracias. Gracias, AECC, por estar ahí cuando más lo necesitaba. Y gracias a todas las personas que hacen posible que, en mitad de una enfermedad que puede hacerte sentir tan sola, alguien te recuerde que no estás sola.
Marina Peralta Mateo