Espantapájaros
Publicado el 17/08/2026 a las 07:36
Las diferencias que durante años se han establecido entre el medio urbano y el medio rural se han ido amortiguando con el tiempo. El individualismo rural cada vez está más próximo al medio urbano. Quedan algunos reductos de socialización, como “salir a la fresca”, cuando en los meses de verano en que el calor aprieta, después de la cena, un grupo pequeño de personas salen a la calle, cada uno con su silla, a hablar en corro no importa sobre qué tema, aunque en general son de tinte local. Es un remanente de lo que hace años estaba muy generalizado y cada grupo de viviendas tenía su corrillo. En aquella época la televisión, cuando había, era de señal inestable. Pero lo que interesaba era la noticia local, incluso la muy de barrio. Servía de confesionario ateo y de noticiario. Por supuesto, tenía inconvenientes y la falta de intimidad era uno de ellos; no había secreto que durara más de 24 horas.
En esta cuasi desaparición de los grupos de socialización se consideran diversos factores: comodidad de las viviendas, amplias con viviendas vacías y dificultades para encontrar un lugar que reúna características de cercanía y seguridad para los convecinos; en la actualidad hay un máximo de 2 grupos con estas características.
Otros factores del medio urbano se consideran referentes y dignos de imitación en el medio rural. Me refiero a la circulación y aparcamiento de los vehículos. Se aparcan donde “viene bien” sin ningún tipo de cortapisa, incluso bloqueando el flujo circulatorio. Y se dan paradojas como que plazas publicas con cierto interés por sus fachadas de vivienda de piedra, quedan soterradas entre el maremágnum de coches que convierten en auténticos parking.
La libertad de aparcamiento anarquizante domina todo: vehículos trancan ventanas de domicilios impidiendo las vistas a la calle de sus domiciliados, vehículos que trancan puertas de entrada a los domicilio, otros que “facilitan” el acceso (ilegal) a balcones de viviendas particulares. Y, en casos extremos, familia que dispone de 2 vehículos, sustituye en el parking gratuito de la plaza pública el uno por el otro, para que nadie les robe el espacio al que dicen, a cara perro, tienen derecho. Son conocidos como espantapájaros, no importa si son de Bilbao o de otro lugar. Este derecho de pernada de los automovilistas no repara en dificultar e incluso impedir la circulación de otros vehículos: yo llegué primero, parecen decir. Cierto, no ocupan las aceras, pero por que no las hay. Y los peatones tienen que caminar zigzagueando entre los vehículos.
Y los ayuntamientos hacen algo para remediar esta situación, se pregunta usted. La respuesta es tajante; nada, sus miras están puestas en otros recovecos. Tan nada es, que los propietarios de automóviles han normalizado la situación y los propietarios de viviendas ansían con esperanza que algún alcalde con mentalidad urbanita imponga cierta esperanza a los sufridos sufridores.
Ignacio Pérez Ciordia