Vacas en fiestas: sentido común, sí, animaladas, no


Actualizado el 10/08/2026 a las 08:00
Después de sufrir un mes de julio con los registros de temperaturas más elevados a nivel nacional desde 1961, con máximas de récord, muchas noches tropicales y en el que han fallecido más de 2.000 personas por causas atribuibles al calor, toca ahora confiar en que el mes de agosto sea más benévolo y no sea la puntilla de este tórrido verano. En agosto se concentra la celebración de muchas fiestas patronales. Resalto esto porque en este periodo estival observamos cómo, en la mayoría de los programas oficiales están muy presentes los festejos taurinos en sus diferentes modalidades: encierros, reses bravas en la plaza, recortadores… Y curiosamente, todos ellos, tienen lugar al aire libre y en las horas de más calor. ¿Tan difícil resulta cambiar el horario de las vacas o suspender el espectáculo si las temperaturas lo requieren como se hace con otros eventos?
Estos días previos a las fiestas de Murchante se está montando la plaza portátil para los espectáculos de reses bravas, y el vallado en el recorrido donde tienen lugar los encierros y la suelta de reses en la calle. Me llama la atención en estos tiempos que corren que, tanto en la calle como en la plaza, han colocado unos habitáculos metálicos que harán las veces de corrales para los astados. Y yo me pregunto: ¿realmente es el mejor espacio para meter al ganado en ese recinto infernal con estas temperaturas tan elevadas? Se debería tener en cuenta que el metal absorbe y retiene el calor con rapidez (elevando la temperatura interior muy por encima de la ambiental), y que las altas temperaturas provocan fatiga extrema, ansiedad, estrés térmico y problemas de salud en las reses (retenidas allí antes de salir del cubículo) pudiéndoles causar daños severos e incluso la muerte. ¿De verdad no se puede utilizar una opción menos dañina para los animales en situaciones tan adversas como las actuales?
Queda claro que los contenedores metálicos utilizados para el traslado y espera de las reses en las actuales condiciones climáticas, no son la mejor solución y sí un espacio de tortura para los animales al que se debería poner remedio. Las consecuencias del cambio climático son ya una realidad que afecta cada vez más a la vida diaria, provocando fenómenos extremos como las olas de calor, sequías y grandes inundaciones que sin lugar a dudas nos hacen muy vulnerables y que requieren una urgente emergencia climática global. Entre tanto, cada uno deberemos poner nuestro granito de arena en aquello en lo que está a nuestro alcance: intentando reducir el consumo energético, promoviendo energías renovables, reciclando, cuidando nuestro entorno natural y cómo no, protegiendo a los animales de este desaguisado que ellos no han provocado.
En el caso que nos ocupa, ¿alguien se imagina el mundo al revés: el público en el interior de esos cajones siniestros de metal a las 6 de la tarde a pleno sol y las reses en la plaza protegidas por las mallas de sombreo? Pues eso, apliquemos en lo posible el sentido común y evitemos las animaladas. Lo que no queramos para nosotros…
Ramón Lizar Planillo