Y ahora los incendios

Teresa Ferrer Gimeno

Publicado el 01/08/2026 a las 08:19

Este verano parece interminable, con alertas de calor por aire africano que dispara nuestros termómetros, deterioro de calidad del aire y también incendios forestales, en la llamada emergencia climática. Lo que parecía algo excepcional es ya nuestra normalidad. No es cambio climático porque el clima ya ha cambiado, y lo que nos preocupa además de las consecuencias, es cómo nos preparamos para esto. Un informe reciente concluye que las emisiones de combustibles fósiles han empeorado rápidamente las olas de calor en unas décadas y antes estos episodios no eran tan frecuentes. En cuando a los incendios naturales, son parte de nuestro planeta desde hace millones de años, pero hemos interferido en la relación entre clima, vegetación e incendios, ya que el calentamiento global incrementa el peligro de que sean de más alta intensidad y más extensos. 

La relación entre calor e incendios es bidireccional y se retroalimenta en estos episodios de calor extremo. Las olas de calor agravan los incendios forestales que a su vez generan contaminación atmosférica y por tanto probabilidad de impacto en nuestra salud. Sabemos que el calor intenso y prolongado como el de este verano seca mucho el suelo y la vegetación, aumentando la probabilidad de que actué como combustible. Además, la sequedad, unida a episodios de viento y condiciones extremas, incrementa su propagación. A nivel medioambiental destruyen la biodiversidad al eliminar hábitats y especies, contribuyen al cambio climático mediante la liberación de contaminantes y degradan el suelo. A nivel económico y social causan daños al patrimonio, costes de extinción y recuperación y afectan al sector primario, al turismo y a todo el ámbito local. En cuanto a efectos en nuestra salud, además de nuestra seguridad que es la amenaza más inmediata, hay otras consecuencias que pueden manifestarse después. Generan grandes cantidades de partículas en suspensión que afectan a nuestros pulmones, ya que el humo puede desplazarse a grandes distancias deteriorando la calidad del aire. 

Nos enfrentamos por tanto a nuevos retos en salud pública, con riesgos especialmente en grupos vulnerables como personas mayores, infancia y personas con enfermedades crónicas respiratorias o cardiovasculares, para las que se hacen recomendaciones de restringir las salidas, reducir la ventilación del exterior o usar mascarillas. Los incendios forestales constituyen una amenaza creciente, también para la salud pública y debemos invertir en prevención y una gestión impecable ya que tristemente son una realidad que parece difícil de evitar.

Teresa Ferrer Gimeno. Jefa de Sección de Sanidad Ambiental

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