No hablamos de lujos, hablamos de ambulancias disponibles

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Ignacio Lauroba

Publicado el 03/07/2026 a las 05:00

He leído la carta Una indignidad llamada sanidad pública navarra y no puedo evitar compartir la indignación de su autora. Cuando una persona de 85 años tiene que esperar diecisiete horas en Urgencias, cuando no hay ambulancias disponibles y cuando un familiar pasa una noche entera sentado en una silla esperando, ya no estamos hablando de una anécdota ni de un incidente puntual. Estamos hablando de un problema que afecta a la dignidad de las personas y a la confianza que los ciudadanos depositan en sus instituciones.

Y lo verdaderamente preocupante es que muchos navarros ya no se sorprenden cuando escuchan historias como esta. Hemos llegado a un punto en el que situaciones que hace unos años habrían provocado un escándalo generalizado se reciben con resignación y con un encogimiento de hombros, como si fuera normal, como si no hubiera nada que hacer. Y ahí es precisamente donde reside el verdadero fracaso.

Porque nadie está criticando a médicos, enfermeras, auxiliares o celadores, al contrario. Son ellos quienes sostienen el sistema a base de profesionalidad, vocación y mucho sacrificio. La crítica debe dirigirse a quienes tienen la responsabilidad de gestionar los recursos públicos y establecer prioridades. No discutimos la importancia de la cultura, de las lenguas o de cualquier otra política pública en la que se gasta dinero público. Lo que nos preguntamos es algo mucho más sencillo. Si la recaudación fiscal alcanza niveles récord y el gasto público sigue creciendo, ¿por qué cada vez más ciudadanos tienen la sensación de que los servicios esenciales funcionan peor cuando más los necesitan?

No hablamos de lujos ni de caprichos, hablamos de ambulancias disponibles, de temperaturas normales en las habitaciones en plena ola de calor, de atención sanitaria para personas mayores, de la tranquilidad de saber que cuando un padre, una madre o un abuelo necesite ayuda, el sistema responderá con la rapidez y la dignidad que merece. Durante años se nos ha repetido que pagamos impuestos para garantizar unos servicios públicos de calidad. Estamos de acuerdo. Lo que ya no estamos de acuerdo es que cada vez más ciudadanos perciban que pagan más y reciben menos precisamente en aquello que consideran más importante. Hay momentos en los que no basta con gestionar, hay que asumir responsabilidades y reconocer que algo no está funcionando. Porque una sociedad puede soportar muchos debates políticos, pero difícilmente puede aceptar que sus mayores pasen diecisiete horas esperando atención médica, esto es inaceptable. Levantar la voz ante situaciones como esta no es un acto de confrontación, es una obligación cívica. Lo contrario sería aceptar que lo inaceptable se convierta en costumbre.

Ignacio Lauroba

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