La tolerancia social con los impuntuales


Publicado el 15/06/2026 a las 05:00
La puntualidad es mucho más que llegar a tiempo. Supone respeto por el tiempo ajeno. Sin embargo, es una de las cualidades humanas menos valoradas socialmente. Así lo denota, por ejemplo, la costumbre de retrasar el comienzo de un evento concediendo un “tiempo de cortesía”. Personalmente, lo considero una descortesía para quienes fueron puntuales.
Lo peor es que muchas personas no ven la puntualidad como un valor, sino como un simple convencionalismo. La puntualidad está estrechamente ligada a tres virtudes: el orden, la disciplina y la diligencia. Sin ellas no es posible el buen uso del tiempo. La diligencia se opone a la pereza y nos dispone a no posponer las obligaciones. La puntualidad es un indicador cultural muy profundo. Algunos estudios concluyen que los países que más la aprecian son Japón, Reino Unido, Alemania y Suiza. Es el resultado de haber creado en ellos una cultura de la puntualidad. Los españoles estamos muy por debajo de esos países. En España a una persona muy puntual se la suele considerar rígida e inflexible. Para algunos llegar con retraso a una reunión, a una cita, o a un espectáculo, es algo normal y que no daña a nadie. Cuando ocurre se excusan con un motivo recurrente muy pobre: el exceso tráfico.
Los impuntuales suelen enfadarse mucho con la impuntualidad de los demás, pero no se aplican el cuento a sí mismos. La impuntualidad frecuente de un empleado afecta negativamente a su empresa. Genera pérdidas e incomoda a sus compañeros. Me refiero tanto a llegar tarde como a entregar un trabajo fuera del plazo establecido. Ello muestra falta de compromiso y ser una persona poco confiable. Para el impuntual es muy difícil dejar de serlo. Un hábito -bueno o malo- no se forma o no se pierde en pocos días. Por eso es básica la prevención educativa en la familia partiendo del buen ejemplo de los padres. Estos últimos deben trasmitir a sus hijos que la impuntualidad supone no valorar el tiempo de los demás y ser insensible a sus intereses. También que no se trata tanto de luchar contra la impuntualidad como de apreciar la puntualidad.