La memoria necesaria de los nietos del silencio
Actualizado el 01/06/2026 a las 07:32
La salida del Museo Universidad de Navarra deja un silencio espeso, de esos que pesan en el estómago y obligan a la reflexión. Acaba de proyectarse Los nietos del silencio, un soberbio documental que no solo funciona como un brillante proyecto de fin de carrera de los estudiantes, sino como una lección de dignidad histórica que remueve conciencias.
El trabajo audiovisual logra algo tan difícil como necesario: poner rostro, voz y lágrimas a la tercera generación de víctimas de ETA. A través de los testimonios de Teresa Prieto, Beatriz Iruretagoyena Toca y Jesús Ulayar, el espectador asiste a la dolorosa realidad de unos jóvenes que crecieron con una silla vacía en la mesa. A ellos, una banda criminal les arrebató el derecho a conocer a sus abuelos. Su valentía al romper el silencio familiar para compartir su dolor con el público merece la más profunda enhorabuena y el máximo respeto de la sociedad civil.
Sin embargo, la proyección dejó también un vacío difícil de justificar en el plano institucional. Resulta profundamente lamentable que ningún miembro del Gobierno de María Chivite acudiera a arropar este acto. La memoria de las víctimas no debería entender de agendas políticas ni de silencios calculados.
Para los jóvenes navarros que afortunadamente no vivieron el terror diario de los “años de plomo”, este documental no es solo una pieza audiovisual; es una vacuna contra el olvido. Conocer el daño real e irreversible que causó el terrorismo en nuestra comunidad es el único camino para no repetir los errores del pasado.
Por ello, cabe hacer un llamamiento directo al Departamento de Educación y a la consejera de Memoria y Convivencia, Ana Ollo: vean este documental y ábranle las puertas de las aulas. Llevar Los nietos del silencio a los centros educativos de Navarra es un deber moral. Solo enseñando la historia real y sin filtros a nuestros alumnos conseguiremos formar ciudadanos más libres, empáticos y conscientes del valor de la paz. Porque una sociedad que conoce su pasado es, sin duda, una sociedad mejor.