Carta a un desconocido de una conductora en apuros


Publicado el 21/05/2026 a las 05:00
Quiero con esta carta dar las gracias a un señor desconocido que me ayudó recientemente cuando a mi coche le dio por detenerse, de repente, en mitad de uno de los carriles de la calle Esquíroz, cerca de la confluencia con Sancho el Fuerte. No podía meter las marchas por mucho que lo intentara. Volvía a arrancarlo una y otra vez, pero nada, la palanca de cambios no se movía. Pararse sin posibilidad de otra opción cuando la vida sigue a tu alrededor y, como en este caso, cuando la circulación continúa, produce una sensación de vértigo y miedo aderezada de ansiedad.
Tienes que asumir que debes avisar de tu situación a todos los que circulan para que puedan evitarte y, al mismo tiempo, seguir intentando por todos los medios que el coche vuelva a arrancar y que las marchas entren como lo han hecho siempre.
No es fácil dilucidar qué es más importante ni qué es lo primero, más si los nervios aparecen cuando menos los necesitas, si es que alguna vez sirven de algo. Así que haces lo que puedes. Yo estaba en esa situación cuando apareció un señor desconocido, al que mi coche ‘en huelga’ no molestaba, pero que se dio cuenta de que estaba en un situación complicada. Se acercó, amable, dispuesto a empujar y a lo que fuera. Se puso a ello. No sé cómo de pronto me di cuenta de algo que, inexplicablemente, no había caído en ello, que el pedal del embrague se había quedado atascado y no se movía. Con la mano lo desencajé y el pedal recuperó su posición habitual.
Todo volvió a la normalidad aunque a mí me costó un poco más regresar a ella. Tengo que decir que mientras estuve detenida en medio de la carretera no escuché ni una bocina como queja.
Me permito parafrasear la magistral obra de Stefan Zweig, ‘ Carta de una desconocida’ y con esta quiero dar las gracias a un desconocido, que tan amablemente me ayudó en un momento en el que los nervios seguro que me impidieron transmitirle mi agradecimiento.
Marialuz Vicondoa