Por Sara, por la humanidad

Vista aérea del casco urbano de Cintruénigo, localidad natal de la joven Sara Jiménez Jiménez
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Vista aérea del casco urbano de Cintruénigo, localidad natal de la joven fallecidaBlanca Aldanondo
Vista aérea del casco urbano de Cintruénigo, localidad natal de la joven Sara Jiménez Jiménez

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Equipo orofesional de ANFAS

Publicado el 08/03/2026 a las 05:00

Nunca deberíamos escribir estas palabras. Nunca deberíamos despedir a una joven de 17 años por culpa del acoso. Sara era voluntaria de ANFAS desde hacía un par de cursos. Acompañaba a personas con discapacidad en Tudela con una sensibilidad y una madurez poco comunes en alguien de su edad. Tenía una capacidad especial para conectar, para escuchar, para hacer sentir bien a quien tenía delante.

Al recibir la noticia de su fallecimiento, sentimos un golpe que nos atraviesa como organización y como personas. Su muerte nos llena de tristeza, de impotencia y de una profunda reflexión. Porque muchos de los participantes de ANFAS saben muy bien qué es el acoso. Muchos han sido señalados, aislados, ridiculizados o insultados simplemente por ser diferentes. Por caminar más despacio, por hablar de otra manera, por necesitar apoyos, por tener una mirada propia sobre el mundo.

Y quizá por eso Sara los entendía tanto. Quizá por eso su voluntariado era tan auténtico: porque veía a las personas donde otros solo ven etiquetas. Porque sabía que cada uno lleva su mochila, una mochila invisible y personal que pesa de formas que a veces los demás ni imaginan. El acoso no es una broma. No es una fase. No es “cosa de críos”. El acoso es una violencia real, dolorosa, que desintegra poco a poco la autoestima y la vida interior de quien lo sufre. Una violencia que ocurre en los centros escolares, en los pasillos, en los patios… y también detrás de una pantalla, donde los insultos se multiplican y la cobardía se esconde en el anonimato. Como ANFAS, vemos cada día cómo la falta de respeto hacia la diversidad genera sufrimiento. Y sí: la inclusión es necesaria, pero hoy queremos hablar de algo anterior y aún más básico: el respeto, la consideración, la humanidad.

Somos personas. Todas. ¿Cómo puede ser que aún tengamos que recordarlo? ¿Qué nos está pasando como sociedad para que una chica como Sara, llena de vida, compromiso y empatía, llegue a pensar que no hay sitio para ella? Necesitamos una respuesta colectiva y urgente. De las familias, de los centros educativos, de las instituciones, de quienes gestionan salud mental y de todos y cada uno de nosotros como comunidad. Porque el acoso no solo hiere a quien lo sufre: nos daña como sociedad, muestra lo peor de lo que podemos llegar a ser si no actuamos.

Hemos despedido a Sara con un dolor inmenso, pero también con un compromiso firme: que su nombre no quede en silencio. Que su ausencia nos obligue a mirar el acoso de frente. Que su historia despierte conciencia y cambie actitudes. Que ninguna persona más -ninguna- sienta que no merece un lugar en el mundo por ser diferente. A su familia, todo nuestro cariño y nuestro respeto. A nuestros escolares, nuestro abrazo y nuestra determinación de seguir luchando por ellos y ellas. A la sociedad, un mensaje claro: tenemos que hacerlo mejor.

Por Sara. Por todas las personas que sufren. Por la humanidad que no podemos perder.

EQUIPO PROFESIONAL DE ANFAS

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