Menos mal que nos libráis de las injusticias


Actualizado el 09/12/2025 a las 11:44
A un suspiro de celebrar el día de la Constitución Española, otro “toro de Osborne” ha rendido su figura al suelo del frío monte en la localidad alavesa de Rivabellosa (según he leído), informada su caída a través de la oportuna red social por su matarife (colectivo Ernai, como podría haber sido cualquier otro colectivo afín), que decidió de modo unilateral, y por el “artículo 33 de la convivencia social”, librarnos de (y va todo con ironía, pues ya no me fío de las interpretaciones particulares) tan enojoso “símbolo españolista” que no nos dejaba dormir, viéndolo como el símbolo de la opresión que sufrimos por ese estado español usurpador de nuestra identidad y libertad. Según dicen, era el último que quedaba en el País Vasco, tras haber tumbado también el “toro de Tudela”.
Y, en ambos casos, lo han hecho con nocturnidad, no por ocultarse, sino porque, en general, de día tienen que ir a trabajar o a estudiar o a otros menesteres que les ocupan el tiempo. Y salen en sus hazañas (algunas, también, a plena luz del día) con los rostros ocultos porque hace frío, no por otra cosa. Así los hemos podido ver en cuanta ocasión han propagado por ellos mismos, para que les estemos debidamente agradecidos, aplaudiendo sus ataques a cualquier cuestión que a ellos no les parezca bien…, por nuestro bien. Así nos ayudan a descabalgar banderas enojosas (que nosotros no nos atrevemos sabiendo ellos que las odiamos), nos emborronan o anulan símbolos que corresponden a mentiras afianzadas de la Historia (la suya es la verdadera; somos unos ignorantes y debemos acatarla), van en contra de cualquier infraestructura de desarrollo (en Navarra, por supuesto, que somos tan palurdos que nos engañan como quieren las “élites explotadoras”), etc, etc.
Gracias a que tenemos a estos insignes preservadores de nuestros valores más arraigados, sigue manteniéndose la esencia de raza “antiespañolista”, a pesar de nuestra tendencia general mayoritaria a conformarnos con que se pisen nuestros sueños y convivir con las injusticias.
Y, ahora sin ironías, decir que el otro día leí que el partido político que les arropa en todo (a todos estos tipos de colectivos, aunque de vez en cuando se hagan los ofendidos, si se puede llamar así) ha pedido un referéndum para que decidamos libremente nuestra pertenencia a su ideario político-geográfico. Vaya por delante que estoy firmemente de acuerdo con esa propuesta. Siempre y cuando, con luz y taquígrafos, se comprometan a que si sale la opción contraria a su deseo (hasta me atrevería a decir en un 60-40%) nos dejen de una vez en paz y nos dediquemos a lo que debemos: progreso y bienestar para las generaciones actuales y venideras. Que ya nos vale.
Javier M. Elizondo Osés.