Castigo al Ensanche


Publicado el 27/11/2025 a las 05:00
Contenedores, suciedad, palomas, charcos, baldosas trampa, pivotes, plazas de aparcamiento… Igual soy yo, pero Pamplona parece empeñada en perder calidad a cada esquina. Sobre todo los del Ensanche: a nosotros nos ha mirado un tuerto. Y no me refiero a la agudeza visual del alcalde, sino a la lluvia diaria de excrementos, decisiones absurdas y desgana institucional que nos cae encima (valga la redundancia). Ya somos muchos los vecinos que hemos protestado. El problema es que, viendo la respuesta, uno empieza a sospechar que igual no son errores… igual es política municipal avanzada. Si el objetivo es amargarnos la vida porque somos “los del Ensanche”, entonces sí: impecable ejecución política.
Empecemos por la ya legendaria esquina del antiguo Cortefiel. El Ayuntamiento asegura que es un edificio privado de un señor de Madrid y que, por tanto, poco pueden hacer. Claro, faltaría más. Que invada, degrade y ensucie la vía pública es un detalle menor. Resultado: gol de Asiron. Por toda la escuadra.
Seguimos con los pivotes. Otro gol. ¿Eres vecino? Te aguantas. ¿Te quejas? Te aguantas más. Y el alcalde y su miniyo -muy en su papel- encima disfruta viendo cómo pataleas. Gestión participativa, lo llaman.
¡Plazas de parking! Madre mía, ¿tienes un coche? Nos las pagarás. Eres el mismo satanás. Dios va en bicicleta, y lo sabes. Golazo de Asiron.
Pasemos a las palomas de la Plaza de la Cruz. Ojalá fueran sólo palomas (menudos bombardeos). Pero es que allí conviven un parque infantil, un botellón intermitente y un ring improvisado donde ciertos artistas deciden montar sus peleas. Una estampa digna de postal. ¡Qué Cruz de plaza! Y rematemos con la traca final: los contenedores. Cada vez más metidos en la calzada, como si alguien estuviera jugando a ver cuánto puede dificultar la vida del conductor y del peatón en una sola maniobra. Entre bordillos, asfalto y obstáculos varios, cruzar esa zona es un deporte de riesgo.
Eso sí, cuando por fin te acercas a depositar la basura, empieza el ritual: dejar las bolsas en el suelo, sacar la tarjeta o el móvil, pisar el pedal a fondo, esperar a que el contenedor decida colaborar… y rezar para que ninguna paloma te deje un “regalito” desde el cielo. Partidazo de Asiron, goleada a los vecinos.
Itxaso F. Arrieta