Carta de cafés

Diego Buxens Echavarren

Publicado el 23/11/2025 a las 08:29

Hay tantos cafés como personas. No cabemos en cinco categorías.  Antes de entrenar, tomo café en una cafetería de especialidad que abrió enfrente de otra cafetería de especialidad, a una calle de otra cafetería de especialidad y a una manzana de otra cafetería de especialidad. Esta última pertenece a una cadena: hay  tres en Pamplona. En ninguna ponen plato debajo del café. En su lugar, lo sirven sobre una tabla de madera, como la que uso en casa para cortar queso y embutidos. Todas iguales: tabla de madera, dibujito en el café y la carta. Cada vez abren más y cada una que abre es más impersonal que la anterior. No tomo el café igual que mi hermano; él no lo toma igual que mi madre, que lo prefiere con la leche aparte. Los tres bebemos café con leche, pero cada uno bebe su café con leche. Porque cada persona lo pide de forma distinta. Las personas (y sus cafés) no caben en una lista de cinco tipos, ninguno de ellos en castellano. Hay un café por persona (yo, con leche fría, corto de leche, por favor). Y, aun así, todas las cartas dicen lo mismo: latte, cappuccino, espresso… Ni un triste café cortado. Eso sí, el dibujo queda monísimo. Abrirán más cafeterías de especialidad porque preferimos que el dibujo sea bonito, aunque paguemos 2,5 euros por un latte (café con leche). La calidad será mejor, pero perderemos la intimidad con quien lo prepara. Un señor muy simpático nos atiende, teclea en una pantalla y un papel se imprime al lado de un calvo con la barba muy cuidada, que nos prepara una de las cinco opciones disponibles.

Cuando me llaman por mi nombre, en un intento por recuperar la personalidad del café, me levanto, recojo mi café con mucha espuma (lo prefiero con menos) y rebusco entre los cuencos con distintos tipos de azúcar. Nadie se ha molestado en hacer mi café como me gusta, ni en coger un sobre de azúcar moreno, ni en preguntarme cómo estoy. Las cafeterías se han convertido en sitios monísimos, impersonales y muy caros. Porque tomar el café no es solo beberlo: es hablar con el camarero sobre a qué temperatura y con cuánta leche lo quiero, que me pregunte qué tal la carrera y que recuerde (porque las personas que se tienen cariño se acuerdan) que prefiero azúcar moreno.

Diego Buxens Echavarren

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