Izquierda abertzale: una deriva política previsible y consentida


Actualizado el 05/11/2025 a las 11:35
Durante años, la izquierda abertzale ha tejido una red ideológica y social en la Comunidad foral, aprovechando la pasividad de las instituciones y la ingenuidad de parte de la sociedad. Hoy, Navarra afronta las consecuencias de una estrategia que nunca dejó de estar activa, aunque muchos prefirieran mirar hacia otro lado. Era, en efecto, la crónica de una deriva anunciada. Lo que hoy sucede en Navarra no es fruto de la casualidad ni de un repentino cambio social, sino el resultado de años de trabajo ideológico y de una estrategia política cuidadosamente diseñada por la izquierda abertzale.
Dos generaciones de adoctrinamiento en el ámbito educativo, cultural y asociativo han dado como resultado una nueva realidad política en la comunidad foral, que muchos prefirieron ignorar mientras se gestaba. Algunos lo advirtieron ya en los años 80 y 90, cuando en provincias como Guipúzcoa se vivía bajo el miedo y la coacción. Entonces, como ahora, el nacionalismo más radical avanzaba gracias a la indiferencia de una parte de la sociedad y a la complacencia de otra, dispuesta a confundir diálogo con cesión. Hoy, los resultados electorales y la normalización de determinados discursos muestran que la izquierda abertzale ha dejado de ser un movimiento marginal para convertirse en un actor político de pleno derecho, con influencia institucional y capacidad de presión social.
Lo preocupante no es solo su crecimiento, sino la asimilación de su relato por parte de sectores que antaño defendían con firmeza la Constitución, el Estado de Derecho y la unidad de España. Muchos creyeron que el diálogo, el pacto y la integración serían más eficaces que la firmeza y la aplicación de la ley. Que bastaba con legalizar a quienes, aunque condenaran la violencia con la boca pequeña, mantenían intactos sus objetivos políticos. Pero los hechos demuestran que la estrategia de la complacencia no ha frenado al independentismo; al contrario, le ha otorgado legitimidad y espacio para reorganizarse.
La historia enseña que los problemas que no se afrontan a tiempo acaban enquistándose. La izquierda abertzale ha sabido aprovechar la debilidad moral y política de quienes, por cálculo o por miedo, renunciaron a plantarles cara. Hoy, Navarra afronta un escenario difícil, marcado por la polarización, el silenciamiento de la disidencia y el retorno de una presión social que creíamos superada.
El futuro inmediato de la comunidad foral dependerá de la capacidad de la sociedad y de sus instituciones para defender los valores constitucionales y la convivencia democrática frente a la imposición ideológica. De lo contrario, la independencia abertzale dejará de ser un proyecto político para convertirse en una realidad irreversible.
Alfonso Orlando Machimbarrena